joaquin doldan

viernes, 27 de enero de 2006

$>EL DIENTE 22

El diente 22



1
Muchas veces Gabriel sentía que su vida era absurda. Esta excusa, poco precisa, lo ayudaría mucho en el transcurso de esos días en que su trabajo casi lo condena.
Si ya había sido casual y accidentado su ingreso en la Facultad, si consideraba una negra coincidencia haberse hecho amigo de Gonzalo, si solo por una terrible casualidad era Odontólogo forense: ¿por qué lo obsesionaron los dientes de aquel hombre?. Era más fácil dejarlo así: la ficha firmada, la identificación policial, la muerte en el incendio, otro día, el silencio de la morgue roto con la música de su pequeño grabador, la vuelta a su casa, la comida, la televisión , el sueño...
2
Sus sueños fueron siempre absurdos. Tardó toda su adolescencia en darse cuenta que no podía ser cantante de música melódica. Fue en esa época que le agarró miedo a los otros sueños, a los que pasan cuando uno duerme. El método que descubrió para evitarlos fue dormir cansado, al extremo. Uno de sus cantantes preferidos era un mexicano que entonaba: "Quiero dormir cansado para no pensar en ti"...
Sin embargo, a los quince años nadie le sacaba de la cabeza la posibilidad de esa vuelta de tuerca para un lineal camino.
Cuando iba a los bailes, en lugar de dedicarse a conseguir pareja se quedaba en la barra, con los ojos clavados en las luces psicodélicas. Soñaba con escenarios, aplausos, y aunque no le gustaba admitirlo le seducía la idea del fanatismo que su voz podría a despertar en las hoy indiferentes chicas.
Resulta gracioso pensar en alguien soñando eso en un pequeño barrio de un pequeño país. Digo, resulta gracioso si en realidad y por encima de las posibilidades, ese alguien carece de talento alguno. Gabriel quería ser cantante pero no sabía cantar, ni por condiciones naturales, ni por puras ganas, jamás lograba afinar al entonar melodía alguna. Lo que si sabía era soñar.

¿Por qué un negado de la música quería vivir de ella?, jamás lo sabremos con otra certeza que no sea la mera especulación del deseo de fama y fortuna, ese mismo deseo era quizás el motor inconsciente de esos días.
Visto a la distancia, la necesidad de trascender como motor de una historia de este tipo parece más una torpe excusa que una real coartada, pero así comienza. Había llegado a la morgue media hora antes, se quedaba usualmente un par de horas y luego iba a su consultorio particular. Nadie podría suponer que aquel edificio casi céntrico tenía en su interior un sitio con tan morboso fin. De por si era un lugar solitario pero cuanto más temprano menos posibilidades tenía de verse obligado a entrar saludando. Mientras hacía café, puso una de sus cintas, y mientras la música empalagaba el lugar; el intentaba seguir la melodía que cada día le era más esquiva.
A esa altura del año, el sol demoraba en iluminar esas penumbras matinales que podían servir de escenario para verdaderos fantasmas sobre todo en un lugar de ese tipo. Sin embargo a nadie parecía inquietarle la excesiva quietud del lugar. En el piso superior habían una serie de oficinas, una escalera y un largo pasillo era el camino que conducía a su lugar de trabajo. Una sala gigante, con mil camillas, un baño minúsculo, y un biombo que intentaba una zona más íntima para efectuar las autopsias.
La música se detuvo de repente, el silencio lo sobresaltó, fue el instante de calma que precedió a la tormenta ya que de inmediato la puerta de entrada se golpeó y apareció la policía con el cadáver.
El primero muerto que vio en su vida fue en la facultad. En primer año de odontología una de las cosas más complejas de estudiar era la anatomía de los cuellos del "material cadavérico",una forma muy académica de llamar a los desconocidos dueños de las cabezas que llegaban a aquellas enormes piletas de formol. Cuando al comienzo de las clases se vio revolviendo dentro de ellos para sacar una, se preguntó una y otra vez cómo había ido a parar a ese lugar.
En breves instantes se encontró solo. El cuerpo en la camilla estaba casi completamente carbonizado , quizás por eso, él hacía su ficha antes del médico, en general su profesión tenía una extraña relación con los galenos. Hasta socialmente había vivido la diferencia entre ser "matasanos" y ser "tiradientes". Una vez en un acto político por el que cruzaba sin tener ni idea de que partido se reunía, había ocurrido un desmayo que, ante los llamados de auxilio lo había visto como protagonista. Había visto y asistido a algún que otro desvanecido por eso cuando sintió que gritaban :"¡Un Doctor, se desmayó un muchacho!", se acercó al borbollón y dijo "Yo soy Doctor".
Luego de que su "paciente" se recuperó, al ver a un salvador tan joven, la madre le preguntó:"¿Hace mucho que te recibiste de Médico?". Y luego, la cara de espanto que puso la señora le dejó una marca en la memoria:"No, yo soy dentista", confesó como si fuera un horrible caso de ejercicio ilegal.
El cuerpo estaba completamente quemado, el no podía establecer ninguna otra cosa que la confirmación de la identidad en el caso que hubiera registros dentales. No era detective pero suponía que habrían descartado el suicidio. En resumen, decidió hacer exclusivamente el trabajo por el que le pagaban, llenar el formulario.
Cuando terminó llamó al policía de la puerta.
-Pueden llevárselo al Dr. Pros.
- El ya firmó la ficha, se tenía que ir y dijo que no iba a perderse el congreso por un mendigo.
-¿Un mendigo?.
-Si yo que sé...no es el primero...se matan entre ellos ..después terminan de material de estudio en las facultades ...como nadie los reclama ...¿qué destino perro... no?.
-Un mendigo...que extraño.
3
Nunca se tomaba el trabajo, pero buscó la ficha de identidad del sujeto y efectivamente decía José Lima ,50 años, situación marginal, nada más. Lo único que se podía decir de alguien que había terminado de modo tan trágico eran esas tres cosas. El no era, ni quería ser detective, pero le extrañó una muerte tan violenta de un pobre infeliz que apenas tenía identidad. Aunque lo que en realidad no le cerraba era otra cosa. Cuando revisó la sonrisa del muerto vio que le faltaban algunos molares, cosa que es normal en adultos, pero lo que más le llamó la atención era que en la única pieza anterior que le faltaba tenía un implante de titanio. En el lugar del incisivo lateral izquierdo (la pieza 22), y perfectamente óseo-integrado (de hecho intento sacarlo y tuvo que romper el hueso) había una tapa de metal . Recordó que cuando vino el furor de ese tipo de restauración todos sus pacientes le habían preguntado como era esa cosa mágica y maravillosa que ante la pérdida de una pieza dental la sustituía en forma fija, y era casi cierto , un tornillo de titanio que se integraba al hueso luego de una cirugía similar a la que se le hace a una pared cuando se mete un "taco”. Aparentemente no resultaba muy doloroso y si el organismo no rechazaba el implante se podía decir que uno recuperaba la pieza perdida o por lo menos tenía un buen lugar de anclaje para cualquier prótesis. El principal defecto de tan "maravillosa" solución era su costo, el cuál hacía que, por lo menos para el 99% de sus pacientes fuera un tratamiento irrealizable. Y acá estaba lo que no le convencía de la supuesta marginalidad de la victima. ¿Cómo un pobre diablo que dormía en las calles se había hecho un implante?. No pudo evitar recordar los últimos años de profesión "normal". Antes de ser forense sentía una gran frustración cuando, por razones de costos, sus pacientes no podían acceder a muchos tratamientos. Pensó que muchos de ellos habían terminado siendo derivados por el mismo a la Facultad para realizarse los arreglos más caros. Eso era una posible explicación, aún siendo pobre se había realizado los implantes en el postgrado de Odontología. Existía otra hipótesis posible, quizás el tipo no siempre había sido un marginado. "Mírame... haciendo hipótesis y todo", se dijo irónicamente. Se vio ridículo actuando de detective, pero cuando se volvió a su casa decidió dar una vuelta por la facultad, después de todo ahí tenía los pocos amigos que le quedaban.





4
Muchas veces cuando le venían esos delirios filosóficos que le ayudaban a olvidar que no era un cantante famoso, había logrado pensar lo importante que era la sonrisa en una persona. El mismo ejercía la magia de esa mueca como conquista entre los de su especie. También había considerado la fatalidad con que se vivía la ausencia de cualquier pieza, en especial las anteriores. Una persona podía llegar a sacrificar su felicidad para evitar una sonrisa mutilada.
"Un diente es como aquella novia que se valora cuando se pierde", había intentado concluir un día.
Llegó a la puerta del edificio que estaba congelado en el tiempo. Varios fantasmas(de esos que pertenecen a personas vivas) lo rodearon. Las situaciones más parecidas al amor las había vivido precisamente en aquel lugar.
Años antes estaba en una clase cuando vio unos hermosos ojos clavados en él. Un rayo de calor salía del interior de la hermosa chica y le perforaba un parietal Buscó en su archivo de canciones una que describiera ese momento :"si de noche aparecen un par de lunas es que me miran tus ojos femeninos siento que puedo escaparme de su tiranía, pero son esos ojos dos espías.."
Siempre había una canción .Torpe pero decididamente le devolvió la mirada y solo Dios sabe cuanto tiempo estuvieron en esa situación de mutuo enfoque. Al salir de la clase ella caminó hasta un pasillo y antes de perderse en su interior lo buscó entre la multitud de alborotados estudiantes que salían del salón. No estaba dispuesto a dejarla ir así que se lanzó hacia el otro lado del edificio por el corredor, buscó las escaleras y llegó a la puerta de entrada antes que todos.
"Desesperado..buscando siempre un amor..."
Ante la inminencia de un fracaso uno podría consolarse en un novio grande y fuerte o algún otro motivo más contundente que la mera indiferencia, pero ella pasó por su lado con el mismo interés que frente al busto de Artigas."Yo fui un fantasma que pasó rocé tu mente y mi magia te enganchó , quisiste huir fuera de mi y en un descuido te quedaste a oír mi voz"
Esta insípida anécdota era suficiente para que jamás se volviera a acercar a cualquiera que lo intentara seducir con la mirada. Así que al poco tiempo, cuando una chica lo observaba fijamente en la cantina, no movió un pelo para tener un encuentro con ella. De todas formas ella se le acercó y le dijo:"Tu eres Gabriel el de Anatomía, ¿no?.Porque estamos organizando un grupo para realizar publicacionesenlasmateriasbasic..."
No escuchó más, se había perdido un océano con forma de pelo de mujer.
A pesar de su indiferencia se descubrió en poco tiempo y casi por accidente a solas, frente a frente, y con la sombra de un beso a flor de labios. Luego del primer y demasiado breve contacto ella dijo: " Gaby, no quiero esto porque nosotrospodemosllegaraconfundir..."
En conclusión, tampoco se mezclaba con aquellas que por casualidad besaba. Con esas dos semejantes barreras (los ojos y los labios)el comienzo de vida afectiva fue un desierto de miradas cortadas y besos prometidos."Y la lluvia entró a la vieja casa por el viejo cristal de la vieja montaña, la lluvia entró robó un recuerdo y se fue..."
De todas formas la Facultad era un refugio bastante interesante para su pasado. Esto quizás asociado a sentir como un éxito su ingreso a ella cuando la estadística hubiera determinado lo contrario. De sus compañeros de escuela era de los pocos que había terminado el liceo, y de los que iban al liceo con él, los menos ingresaron a la Universidad, de hecho a esa facultad había sido el único de su generación que había accedido. Una de sus teorías más interesantes se cumplía definitivamente, las paredes encierran el tiempo.
-Gabriel- dijo una voz contrastando la posible confianza en la utilización de su nombre con un solemne tono que marcaba una distancia superior.
-Profesor- susurró con solemnidad. Recordaba con exactitud el nombre del tipo pero su inconsciente eligió la investidura preferida de su nuevo interlocutor.
-De nuevo por acá- dijo la misma voz que lo había llenado sobre conocimientos de oclusión durante años.
-Si, pasaba y entré a ver si veía a alguno de los funcionarios de postgrado...quería unos datos sobre los pacientes....-se cortó al darse cuenta que estaba por dar una explicación enorme, intrincada y por sobre todo ridícula.
Por un breve instante se quedaron parados , esperando las palabras, las pupilas en las pupilas. En ese instante los recuerdos volvieron a hacer gala de sus poderes.
A supervelocidad destellaron en uno y otro cerebro varias imágenes.
Fueron unas de las primeras caras que chocaron ese año.
El segundo día de clases Gabriel se encontraba absolutamente perdido adentro del edificio, subió a un ascensor y le dijo al hombre que ya estaba adentro :"Al cuarto piso, por favor". El tipo lo miró con una mezcla de sorpresa, desprecio, lastima y alguna otra cosa demasiado diluida en su almidón y le preguntó: "¿Usted es de primer año?".
"¿Qué tenía que ver?" pensó, pero le contestó con un leve movimiento de cabeza. "Acostúmbrese a saludar en el ambiente universitario. Es la primer norma de educación". El sermón fue de lo más sorpresivo, y solo adquiriría importancia cada vez que se cruzaban y el profesor ignoraba el saludo del joven estudiante.
-¿Y para qué quiere "datos"?. Está haciendo alguna tarea de investigación.- dijo la voz del Profesor bajando la sensación térmica.
Casi se le escapa que no era detective, pero razonó que se debía estar refiriendo a una investigación de carácter científico y contestó:
- Si, es un estudio estadístico sobre pacientes que se hicieron implantes en lugares públicos.
-Bien, dígale a Lourdes que va de mi parte.-dijo. Y siguió su camino ante el asombro del universo.
5
La vejez de la funcionaria armonizaba con los muebles de la oficina.
Con la recomendación del superior ella le dejó revisar las fichas a voluntad. Descartó los archivos que intentaban sobrevivir en un disco duro, para ir a los antiguos cajoncitos largos con el orden alfabético perdiendo color en la puerta.
Bailoteó por las fichas con la habilidad residual que sus dedos habían adquirido cuando era dentista de seres vivos. Buscó por la "L" y para su sorpresa encontró tres "Lima, José". No era buen detective pero se fijó en el cajón anterior y encontró por la letra "J", ocho "José Lima".
6
Luego de unos minutos de desconcierto por haber encontrado once pacientes con el mismo nombre leyó con calma cada una de las fichas. Todas tenían muy pocos datos, estaban incompletas por un lado o por otro. Las que tenían la edad no tenían la dirección, las de la dirección no tenían el tratamiento, las del tratamiento no tenían la edad. Con paciencia fue descartando los datos incorrectos y de quedó con tres "José Lima. 50 años. Implante-22".
Cerró los ojos, se repitió varias veces las direcciones, y cuando los abrió estaba caminando por la calle.
7
Hacía muchos años que no caminaba tanto. Le parecía que más o menos por el mismo tiempo no había respirado. Llegó a la primer dirección. Era un Pub bastante moderno. Evidentemente hace mucho que no tenía vida nocturna, al rato de estar sentado logró entender de que se trataba.
Ni siquiera conocía de la existencia de los bares con “karaoke”.
Le llevó aproximadamente once minutos enamorarse de la camarera. Una muchacha de belleza inusual, como corresponde a cualquier desconocida que pretenda flechar a un protagonista tan poco observador como Gabriel.
Aprovechó su nuevo oficio detectivesco para dirigirle la palabra:
-Perdón...te puedo hacer una pregunta. Yo trabajo en la Facultad de Odontología. Estamos haciendo un seguimiento de unos pacientes de la clínica de Implantes. Busco al Sr. José Lima.-Largó todo de golpe mientras hacía que revisaba una agenda que supuestamente le servía de apoyo para recordar nombres como ese.
-José lima es mi papá-contestó ella sorprendida.
Su voz era muy extraña, ronca, cascada, suave. Como un susurro.
“y perdido entre tu pelo
soy un justo que ha ido al cielo
sin haber pisado nunca misa”
Como él no le contestaba, Gloria, de tan solo veintidós años pero con una mente de cincuenta(como su padre casualmente) siguió hablando:
-Mirá el dió esta dirección porque yo le servía de contacto, acá hay teléfono y todo. Nosotros vivimos en un barrio aislado. Si querés te doy la dirección.
-Bueno gracias-Dijo, pero pensó: "Gracias por tutearme; por mirarme; por darme la posibilidad de soñar con que pueda ver el lugar donde dormís"...
Salió del Pub tan complacido que casi olvida su investigación.
8

Don Pepe vivía en un rancho. efectivamente apartado. Era pasando un abismo, del tamaño de una cañada, pero un abismo al fin.
En sus cincuenta años había logrado un cuerpo de cuarenta con una cara de setenta. Estaba tomando mate en el jardín, con la particularidad de que este no se diferenciaba del patio de los vecinos.
Bajo el manto del sueño por ser el yerno de aquel señor, la conversación se hizo amable. Por deformación profesional ,más que por espíritu detectivesco, no dejó de mirarle la boca mientras hablaban. Notó que tras los labios carnosos, que había tenido la bendita fortuna de heredar su hija, había un perfecto paredón de dientes blancos, iguales, y que su gusto estético le indicaban postizos. Resaltaban aún más en la cara afeitada y bronceada por horas de exposición solar.
Naturalmente le llegaría el dato que significaría que la charla no había sido inútil:
-El día que me operaron había otro señor en la camilla de al lado. Yo no entendía nada...le dije al Doctor si hacían precio dos por uno ,como de una oferta...viste?...pero al tipo no se le movió un pelo, bueno yo solo le veía los ojos, y con lentes, porque tenía tapaboca, gorro...pero digo, no hizo ningún comentario, yo que sé...un amargo el veterano.
Antes de irse Gabriel le pidió para ver sus implantes.
Como lo sospechó tenía una prótesis completa. Bajo ella un gran maxilar desdentado lucía manchado y contundente. Asomada en un costado y adelante, una columnita de metal. Era absolutamente inútil hacer un implante aislado en esa zona en una persona de esa edad, con esa falta de higiene, y en esa situación socioeconómica.
Antes que se fuera el señor le comentó:
-Mi hija me había dicho que un Doctor muy simpático y elegante iba a venir. ¿Vio?...las mujeres solteras se sienten solas y se flechan cuando conocen a alguna persona de bien...
Ese era el dato que estaba esperando.

9
El otro José Lima le resultó más confuso. Llegó fácilmente a la dirección que recordaba firmemente. Era en un barrio rico, por donde siempre hubiera querido vivir.
Era un edificio muy nuevo. En el último piso había un solo departamento pero el hombre fichado como José Lima era un señora. Gabriel había subido por el ascensor que daba directamente al comedor, y en cuanto vio a la mujer pensó estar frente a la esposa del implicado. Sin embargo ella le dijo:
-Mire le puedo explicar. El profesor me explicó que por un tema burocrático me iban a fichar como José Lima...
-Si, no se preocupe yo solo relevo los tratamientos, lo demás es resorte interno de la Facultad.-Contestó rápidamente tratando de hacer ver que eso, tan sospechoso, no le importaba.
Ella le mostró unas radiografías con varios implantes. En el diente 22, pero también en el 21, 11 y 12. Como si no fuera todo lo suficientemente turbio, antes de irse ella le describió su malestar por haber compartido la sala operatoria con un vagabundo, sin que nadie le avisara o le pidiera permiso.
10
El lugar donde se vive puede estar pintado de colores diferentes cuando uno se siente bien. Gabriel sentía haber recuperado muchas cosas desde que empezó a sospechar. No hay nada más colorido que ganarle una batalla a la apatía. Pensó que si la muerte era contagiosa, él había descubierto la vacuna. Debía hablar con su Profesor. Era un pequeño caso de corrupción, no iba cambiar su vida el dejarlo seguir de largo. Lo que no quería que pasara, era el contacto con Gloria, así que fue a verla.
Estaba en la puerta del lugar cuando sintió que si no lo hacía hasta el fondo no valía la pena seguir. Si quería diferenciarse de los cadáveres que veía debía hacerlo bien. Hasta el fondo.
11
Logró despertarse una hora antes que de costumbre.
Desayunó como nunca, se despabiló inmediatamente. Y se dio cuenta que era la primera vez en años que no tenía ganas de seguir durmiendo. Se miró al espejo con recuperadas ansias. Con las mismas con las que miraba a la pantalla del cine para ver en acción a los envidiados actores. El no quería ser héroe, ni villano, ni galán; no se dejaba seducir por la ficción; quería ser el actor que recibía esas fortunas por convencerse de ser quien no era.
"Ese soy yo, el que te espera añorando a que vuelvas a mi"...
Podía haber ido de un lugar al otro, emigrado como un pájaro cazando el sueño de un verano, pero se había sentado a esperar y ahora tenía la sensación que su espera había acabado.
Miró su hogar que tantas veces odió y notó que no podría vivir en otro sitio.
Salió convencido que ese día, era el momento clave luego del cual nada sería igual.
12
Habló con todos los mendigos que encontró a varias cuadras a la redonda de la facultad. Sintió como en el transcurso de las horas se sumergía en aquel mundo sin techo.
Compró paquete tras paquete de cigarrillos, algo de comida, algunas botellas de vino. Aprendió a ir dando los estímulos a medida que obtenía la información, algunos captaban su necesidad de saber y para no quedarse sin el premio, inventaban datos. A otros la locura no les permitía contactarse con la realidad, mucho menos para entender que un hombre común se les acercara para preguntarles si alguna vez habían sido atendidos en la Facultad de Odontología.
Los encontraba bajo unos cartones de la plaza, durmiendo en algún rincón, acostados al sol para quitarse el frío que habían sufrido en la noche. Poco a poco dejó de verlos como cuando pasaba por su lado y descubrió que no eran tan distintos que él. Eran hombres y mujeres que en algún giro, en alguna mala decisión, en algún cruel fracaso se habían visto solos. Era eso, y no la falta de dinero lo que los había marginado. Recordó una historia que le contó un amigo que había decidido irse a vivir a Chiapas. Los indígenas cuando lo veían alejarse con un libro bajo el brazo iban a sentarse a su lado y le preguntaban por que estaba triste. El les insistía que estaba bien, hasta que comprendió que para ellos estar solo y estar triste era lo mismo.
13
Ya era de noche. Le había tomado todo el día y no había obtenido nada. Comenzó a sentir la sensación de frustración que la gente de la calle respiraba cuando el sol se iba. La noche y sus peligros estaban allí. En ese momento se alegró de tener un lugar donde dormir, y cuanto pensó en irse, una pequeña fogata en el parque le llamó la atención.
Se dirigió hacia ella obligándose a no pensar que era peligroso.
El vagabundo lo miró sorprendido. Una lata negra estaba sobre el fuego. Al costado tres cajones. En uno estaba él, en otro un tablero de ajedrez, y el tercero vacío.
-¿Sabe jugar?-carraspeó la voz.
No sabía, pero entre la curiosidad y el extraño brillo en los ojos del hombre supuso que no debía ser difícil.
Por suerte se acordaba de cómo mover las fichas pero su mente servía más para jugar a las damas que para pensar estrategias, a los dos minutos se descubría pensando en otra cosa, a kilómetros del juego. Sin embargo aprovechó mucho esa partida. En cada pausa mientras lo ponían en un inevitable jaque logró que el mendigo le contara algo clave.
-¿José Lima?. Claro que lo conozco, lo conocía... porque no sé si sabe que el pobre... bueno pero mire que se lo buscó...
En algunos momentos no estaba seguro de querer seguir escuchando.
-El era cuida-coches en la Facultad de acá cerca... no sé si la conoce... pero abusó de la gente, primero se hacía atender por urgencias... pedía calmantes y se hacía “bolas”... ¿sabe lo que es?... mezclado con alcohol y esas porquerías... luego empezó con el tema de hacerse trabajos más complicados... nunca contó muy bien pero dicen que le pagaban por dejarse... yo no creo... como estaba siempre borracho... al final hasta averiguó donde era la casa de uno de los profesores para presionarlo para que le diera dinero.. lo amenazaba con denunciarlo..los poderosos no se dejan apretar por la mugre... se lavan y eso le pasó a él... total uno vive en la calle ...nadie lo reclama y nos culpan a los otros infelices... la policía nos tuvo a los del barrio como dos días enteros encerrados... yo contento porque comía y dormía bajo techo pero uno de los otros se murió vaya a saber por que.. lo llevaron a interrogar y no volvió... y nos largaron a todos.. en fin.. jaque...
14
“Sé que aprovechas mi ausencia
para dar con la forma de encontrarte con ella”
Llegó de mañana temprano a la facultad. Estuvo toda la noche dando vueltas por las calles cercanas. Era la primera vez que se saltaba una noche de sueño de esa forma. Logró ver las cosas más oscuras en la noche, pero cuando el sol comenzó a bañar el horizonte de luz, se quedó hipnotizado mirando el color naranja lleno de vida. El olor del rocío congelaba su nariz, algo sucedía en las noches que limpiaba la ciudad, algo que daba el crédito de un día para que los hombres volvieran a ensuciarla. Ver eso fue la gota que le hizo entender que él jamás sería un detective, quizás tampoco un cantante, pero iba a hacer algo para cambiar su vida.
15
Sentado frente al escritorio de su profesor evocó por unos instantes su examen oral.
El Profesor como un Dios, con un hijo a la derecha y un espíritu a la izquierda, dispuesto a demostrarle que nunca sería tan sabio. En cierta forma hoy la situación había cambiado y de esta conversación estaba dispuesto a obtener las últimas cuerdas para atar la historia.
-Tiene cara de querer un café-dijo el profesor y ...¿sonrió?.
Además de aceptar, logró una cierta satisfacción por la situación en la que se encontraba, además ya había resuelto la estrategia de la conversación. Se iba a basar en lo que sabía y sugeriría lo que suponía como cierto.
-Voy a ser directo profesor, me han encargado aclara un poco más el caso del cuerpo quemado del vagabundo y haciendo una investigación seria y cuidada hemos... digamos, tropezado con algunas actividades un tanto confusas de su departamento.
Hizo una pausa y no hubo respuesta alguna así que continuó.
-Por lo visto ustedes colocan más implantes de los que registran, incluso pagan a vagabundos por dejarse realizar tratamientos, realizan otros que no están indicados, y también sabemos que realizan trabajos particulares en la facultad con los recursos públicos.
-Supongo que sabe los mecanismos para denunciar esas irregularidades-comentó sin pestañear el profesor desde su trono.
Por supuesto que no lo sabía.
-Por supuesto que si, pero eso no es resorte de mi investigación, lo que si me interesa son los problemas que usted estaba teniendo con un vagabundo.
-¿Problemas?.-se quebró su voz por primera vez.
-José Lima lo extorsionaba. Supongo que lo iba a denunciar. Entienda que esto hace sospechosa su muerte. Alguien muy poderoso podría haber mandado algún sicario.
Lo dijo sin respirar, creyendo ver el poder descascararse. El profesor volaba tan alto que la caída iba a ser ruidosa.
Luego de una pausa, hubo un duelo de miradas. Finalmente el profesor sonrió.
-Usted siempre me llamó la atención. Es una persona extraña, colega. Tiene un trabajo extraño. Una vida extraña. Y ahora me hace una acusación extraña.
-Supongo que es más normal colocar tornillos de titanio en la boca de las personas para hacerse millonario.-dijo Gabriel con gran placer.
-Hay empresas que pagan muy bien por probar sus materiales. No vendo droga. No hago daño. Restablezco la salud señor. Gratis para muchos pobres, y en buenos precios para los ricos.
-Pero con los materiales de la facultad cobra para su bolsillo todos los trabajos extras.
-El dinero es un buen motor para el mundo. Estoy exigido a ser un gran profesor pero no me pagan por eso. Puedo ser un mediocre y cobrar muy bien.-reflexionó el doctor que con cada palabra envejecía más.
-Mi duda es: ¿si el objetivo es generar confusión con los pacientes, por qué ficharlos?. ¿Para qué hacer una ficha de un paciente que se usa para tapar a otro al que se le va a cobrar?.
La sinceridad de su sospechoso le hacía pensar en voz alta.
-Mire detective, José Lima es un buen hombre que me ha ayudado mucho. Le coloqué un prótesis sobre implantes. No sé a que se refiere con lo de la extorsión.-con un discreto enfado el profesor se levantó de su trono.
-¿A qué José Lima se refiere?.-se desorientó Gabriel. “Hay tres José Lima”.
-Al cuida-coches, por supuesto. Mire colega, deje este tema así. No comprometa su trabajo y el mío. ¿Para lograr qué?. No quiero subestimar su tarea, pero no le parece que ya tenemos demasiados enemigos fuera de la profesión.
Cayó un telón, oscuro y grueso.
16
“Tres José Lima”. Cerró los ojos y buscó en su mente las direcciones. Había supuesto que el tercer José Lima era su cadáver. No era un buen detective.
En algún sitio estaba el tercer José Lima. En algún sitio del laberinto.
Caminó, pensó y cantó. Todo al mismo tiempo.
Suponiendo que fuera cierto, el cuida-coches que tenía una prótesis sobre implantes, no era el cadáver que había mirado.
Buscó la dirección que faltaba. Era similar a la que resultó una mujer, en un barrio rico, por eso la pudo retener, era cerca de donde siempre había querido vivir.
La casa con forma de mansión se le presentó como una fortaleza. Tocó el portero eléctrico y una cámara lo enfocó.
-Vengo de parte de un profesor dela facultad de odontología a hacerle un control.-dijo sin pensar demasiado. Cualquier cosa que sucediera era significativa.
El portal se abrió.
El jardín estaba muy descuidado. ¿Cuántas personas se requieren para cuidar un sitio así?.
El hombre que abrió la puerta tenía cara de siervo y ropa de dueño.
-¿José Lima?.
-No. Bueno con ese nombre me ficharon, ya sabe para poder hacer el tratamiento...
Detrás de él había una casa desolada.
-Pase. ¿El profesor lo envió por algo en particular?.
-Quería controlar sus implantes y bueno como no concurrió...- Gabriel no sabía si hablar o no.
-Bueno no quedé en nada. Había una asunto de dinero pero no quería molestarlo.
El hombre hablaba y no recibía respuestas, pero el forense logró en la confusión revisarlo y ver que tenía una prótesis completa, superior e inferior, y abajo dos implantes.
Mientras lo miraba tuvo un gran desconcierto.
-En realidad a usted no lo mandó nadie.-afirmó cortando el aire el señor.
Gabriel no respiró.
-¿Es policía?
“No, soy un imbécil”,pensó.
-No entiendo quien es, ni quien lo manda. Solo se que no lo puedo dejar salir de acá.

17
Nunca había visto un arma de fuego de esa distancia. Cuando el hombre la sacó de su bolsillo quedó tan sorprendido como arrepentido.
El profesor tenía razón en que no valía la pena. Todo podía terminar allí, él sin saber en absoluto que había sucedido, asesinado por un millonario extraño, sin motivo aparente.
Se sintió morir antes de que ocurriera ya que el hombre lo ató y encerró en uno de los cuartos de la mansión.
-Voy a hacer unas preguntas antes de matarlo.-comentó con descuido antes de marcharse.
Así estuvo largo rato. Tratando de reaccionar. De niño casi se ahoga y sintió una sensación similar. Una mancha negra que viene a terminarlo todo. Merecía saber algo de lo sucedido.
En ese momento extremo sintió que por lo menos lo aterrado que estaba no opacaba la digna idea de querer saber. Estaba dispuesto a esperar a su verdugo solo para eso, como última voluntad.
Pero como nada le aseguraba que esta se le cumpliera decidió intentar salvarse. Estaba atado en una silla de madera. En medio de un lujoso cuarto. Miró la cama, los muebles, y en el límite de su visión, sobre la cómoda había varias fotos. La mordaza dejaba escapar los quejidos que daba ante cada salto pero logró llegar con pequeños desplazamientos en el piso de madera. Sus ojos se desorbitaron por encima del pañuelo blanco, miró cada foto con detalle para intentar buscar un dato.
En una foto una señora mayor posaba en el jardín de la casa, un lugar muy cuidado. En otra un señor, muy diferente a su captor, posaba de igual forma. En la tercera la pareja se abrazaba en el portal. La última encontraba al hombre en el mismo sillón en que había revisado a su verdugo hace un rato.
Debía salir de allí. Pensó eso más que nada. Por única vez en su vida sintió una desesperación tan grande. Unas ganas de vivir tan intensas que lo hacían capaz de elegir la forma en la que moriría de ser necesario. A sus espaldas una gran luna se insinuaba tras una cortina. Con el mismo método con que se acercó a las fotos se acercó hacia la ventana. Tras la fina tela un enorme cristal decoraba el marco de madera. Se acercó lo suficiente y saltó con todas sus fuerzas.
Llegó a pegarle al vidrio lo suficiente para astillarlo pero recién en el tercer intento logró su cometido.
La ventana estalló en sus espaldas, la sensación de vértigo fue horrible, la mordaza no dejó escuchar su grito, fue una silenciosa caída, ya que el cristal amortiguó su sonido con la cortina.
La misma sostuvo un instante su cuerpo pero dejó que se deslizara para comenzar a caer cada vez con mayor velocidad.
Al romperse la silla en su espalda, Gabriel pensó en su columna vertebral tan mencionada como una zona muy afectada en su profesión, pero no sintió dolor, a decir verdad luego del momento de terror se sintió libre. Estaba libre. Miró la noche estrellada desde el pasto y soltó sus manos de los pedazos de madera que habían sido su prisión y sacó su mordaza para poder quejarse a gusto. Comenzó a reír sin parar, producto de la tensión acumulada y se levantó sacándose del cuerpo las cuerdas y los vidrios. Por un momento se calmó pensando en la vuelta de su asesino particular y escapó por el jardín.
18
Con sus últimas energías saltó el gran muro. Había sobrevivido a una caída increíble de espaldas así que supuso que el milagro de su escape estaba indudablemente consumado.
Al llegar a su casa comenzó el dolor. Primero en sitios dispersos, luego transformándose en uno solo que sencillamente le ocupaba hasta el último hueso.
Se acostó pero no a dormir, sino a pasar en limpio sus pensamientos.
Había un cadáver calcinado supuestamente de un mendigo pero con un implante. En la facultad colocan implantes como práctica y descubre que colocan más de los que declaran. Comparten el quirófano pacientes de bajos recursos con particulares, cobran y experimentan, por dinero. Bien ahora aparece un “José Lima” que lo quiere matar, supuestamente por saber algo que no sabe. Este hombre vive en una mansión sin servidumbre, hay fotos que muestran a otro dueño.
Lo deja pasar cuando dice que viene por el profesor pero con intenciones de matarlo.
“Le coloqué una prótesis sobre implantes”, había dicho el profesor refiriéndose al cuida-coches.
Ese hombre era el cuida-coches. Saltó en la cama dejando a su dolor acostado.
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Llamó al policía que trabajaba con él. Había cumplido su cuota de valentía de la jornada, por no decir de la vida.
Si estaba equivocado no iba a pasar a mayores, si estaba en lo cierto el cuida-coches había asesinado al millonario y ocupado su lugar, le cambió ropa y documentos y lo incineró. Se las había arreglado para despedir al personal de la casa y se estaba tomado el tiempo necesario para robar tranquilamente o quien sabe que, ya que evidentemente en algún momento se iba a notar que él no era quien decía ser.
¿Sería posible que solo quisiera sentirse millonario por unos días?. ¿O estaría organizando un viaje con el dinero que lograra recaudar?. ¿Qué más le había sacado al millonario, antes o después de matarlo?. Había muchos cabos sueltos pero el policía lo escuchó con cortesía y sin disimular la sorpresa que le causaba que el sacamuelas hubiera llegado tan lejos.

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El detalle que le faltaba era sorprender al profesor. Hacerle ver que su limitada visión del mundo era ridícula. Para ello pensaba brindarle un detallado informe del caso así que fue a su trabajo a buscar todos los datos y fotos del mismo.
En su oficina de pie escuchando el pequeño grabador estaba el Dr.Pros. Gonzalo, su amigo, el que lo había llevado allí, hace muchos años.
A esta altura tenía que pasar algo muy interesante para lograr sorprenderlo.
-No era un mendigo. El incinerado era un millonario.-dijo su amigo.
El no se animó a contestar.
-Gaby, hermano. Tantos recuerdos juntos, amigo. Te tengo un gran aprecio a pesar de considerarte un ser extraño.
Eso ya lo había escuchado antes.
-La verdad que te subestimamos.
“¿Quiénes?”,pensó Gabriel.
-Pero ahora me toca mover a mi. Basándome en nuestra amistad. Parece que no te vas a rendir, por lo que me han dicho por teléfono.
“¿Quién?:¿Mi asesino?”.
-Así que te voy a ayudar a terminar el caso. Parece que fueras un detective y todo. Pusiste a un rival muy difícil contra las cuerdas. Solo quiero que me ayudes a apartar mi buen nombre de estos hechos, digamos confusos y lamentables.
Gabriel no contestaba, no podía hablar.
-Me pagaron muy bien por ocultar esta información pero te la voy a entregar, es una nueva ficha de nuestro querido quemado, la otra se perderá. Esta es mi autopsia y si alguien dice que hubo otra sería muy triste para mi. Es un favor sencillo. Por nuestra amistad, por mi familia, por la ayuda que te he dado en otros tiempos. Casi toda la verdad saldrá a la luz gracias a ti. Es lo que querías, ¿no?.
“Tú y yo un ramo de imágenes,
tú y yo una simple fórmula...”

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Cuando quedó solo Gabriel tardó en reponerse del momento que había padecido. Tomó el nuevo documento como quien va a acomodar la última pieza de un puzzle. Se había equivocado, podía sorprenderse más.
El policía le hizo el favor de esperarlo un instante mientras entraba a hablar por última vez con el profesor.
“José Lima es un buen hombre que me ha ayudado mucho”.
Cuando entró a la oficina el profesor se derrumbó.
Gabriel habló sin pausa:
-Supongo que ya sabe con quien estuve ayer. El caso es que su delito no era ganar dinero con los implantes sino que la ambición para continuar el negocio, para salvar su reputación y quien sabe cuantas cosas más le jugó una mala pasada. Un solitario millonario sufrió un accidente cardiovascular en plena consulta, la adrenalina de la anestesia viajó por su sangre hasta el corazón y la taquicardia fue insostenible para su débil estado. Le pidió al buen cuida-coches que hiciera desaparecer el cadáver y otra vez la ambición jugó una mala pasada. El pobre se tentó con la posibilidad de ser rico y todo el plan se vino abajo. Supongo que ayer él le avisó que yo me había enterado de algo y usted llamó a el Doctor Gonzalo Pros, a quien usted había sobornado para ser cómplice tapando pruebas en la autopsia. Pero mi amigo Gonzalo le había tendido una trampa. Un plan torpe profesor. Supongo que no ser un delincuente le va a ayudar a menguar su condena.
Mientras la policía se lo llevaba el cada vez más viejo profesor lloraba como un niño.
Había dicho solo una mentira en todo el caso. Declaró que junto con Gonzalo, habían decidido aclarar el crimen. Es más para la opinión pública fue el Dr. Pros quien logró hacerlo con su colaboración. En fin, quizás era buen detective pero no un justiciero sin fronteras.
De todas formas esa noche, gracias a su experiencia extrema, había decidido cambiar su vida.


22
Gloria lo esperaba tras la barra con una sonrisa. El entró y directamente le declaró su amor, sin perder el tiempo ni dar rodeos. Ella estaba dispuesta a dejarse llevar. A dejarse besar. Y finalmente le dijo:
-Si querés ser mi novio me tenés que cantar una canción de amor.
Así que sin dudarlo se subió al escenario y tomó el micrófono. Las luces de colores comenzaron a girar, una música muy familiar llenó el lugar . Así logró su sueño, con una admiradora incondicional aplaudiendo a sus pies y él intentando cantar :
“Y así la quiero...
así, amor de cuerpo entero
la quiero, mujer.
Y así la quiero, así.
Mujer cada momento,
La quiero ,tener.”



Joaquín Doldán
Publicado por joaquind @ 10:37 | 1 Comentarios | Enviar

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  • Autor: joaquind
  • Fecha: miércoles, 08 de febrero de 2006
  • Hora: 11:34
ESTE CUENTO SE EDITÓ EN "RELATOS PARA LA SALA DE ESPERA"(ABRELABIOS 2004). FORMA PARTE DEL GRUPO "CUENTOS ALFANUMÉRICOS" (JUNTO CON 11 GOLODRINAS Y 33 CAUSALIDADES)