sábado, 28 de enero de 2006
Las manos frías
En la sala de espera del médico se sentía el murmullo
proveniente del consultorio al cual yo prestaba la
mayor atención que mis sentidos permitían. El Doctor
asomó su cara en la puerta de entrada y dijo la
clásica frase:”el que sigue”. Mi madre miró
apresuradamente el papel que desde hace una hora
sobaba con las manos húmedas de transpiración , ya la
ver que era nuestro turno se levantó y entró conmigo
casi a rastras. Segundos después ella explicaba :
- Desde hace dos años que mi hijo se pasa la mayor
parte del año con sus manos moradas como si la sangre
hubiera dejado de circular por ellas. Es extraño,
sólo le pasa en las manos.
Nuevamente contaba lo que ya muchos médicos
diagnosticarían como un simple problema de circulación
irregular y recetándome unas píldoras nos harían
retirar orgullosos de haber dado en el clavo.
Ya en el coche, mientras ella conducía , yo
observaba a través del grueso vidrio el extraño color
púrpura de las nuevas píldoras que hacía juego con el
repulsivo tono violáceo de mi piel. Esta imagen no
sería la última vez que se repetiría , y mientras
todas las tonalidades de píldoras pasaban por mis
manos, dejé de ser un niño.
En los primeros años de mi adolescencia tomaba a mis manos como algo digno de orgullo. Estas , aún no alcanzaban a ser algo repugnante , pero no por eso dejaban de llamar la atención haciéndome especial.
Al avanzar un poco en esta etapa de mi vida todo ya no era color de rosa , mis manos, cada día más oscuras , eran un recuerdo permanente de mi maldición. Había dejado de ser un problema de color, sino que también muchas veces se dormían o acalambraban o dejaban de percibir todos los estímulos que llegaban a mi piel. Recuerdo que , en un campamento, mientras jugábamos alrededor de una fogata , mi propia mochila me hizo tropezar y , al caer sobre la débil arena no noté que mi mano izquierda estaba apoyada en las brasas . Luego , mientras se deshacían en atenciones , miré mi mano que seguía fría e intacta, sin llegar a mostrar yo ninguna mueca de dolor. Quizás lo peor de esa maldita tortura era el frío que de ellas surgía , era terrible psíquicamente.
Hace ya 5 años que estoy casado con una mujer a la que amo. Tengo una pequeña hija a la que colmo de caricias con estas gélidas manos que le hacen pestañar cada vez que tocan su tibia y rosada piel. La ahora casi negrura de mis manos me acompañó siempre siendo un gran complejo , un tormento interminable que venía unido a mi cuerpo.
- Esperá no te vayas – mis ebrios amigos aullaban para que siguiera festejando con ellos -.
- No, ya es tarde.- contesté.
A medida que me alejaba del bar , me acercaba más a la negrura de la noche .
Miré el reloj plateado que brillaba en la oscura muñeca y al ver la hora cambié el lento caminar por un rápido ritmo de mis pasos.
- Ya son las doce.- me llevé la mano a la frente y mi tormento brilló de nuevo. Las sentí heladas, más frías que nunca, fue tan insoportable que enseguida tuve que apartarlas de mi rostro y ponerme los guantes de cuero , con los que las escondía la mayor parte del día.
El silencio de la noche sólo era interrumpido por el monótono golpeteo de mi caminar. El frío y la niebla competían. Mi imaginación veía negras formas que se movían entre las sombras . De pronto sentí como si una gruesa mano me tocaba el hombro, me di vuelta tan repentinamente que perdí el equilibrio cayendo pesadamente en la calle. Me levanté apoyándome en un viejo muro mientras todo giraba a mi alrededor. Miré hacia atrás viendo la espesa niebla que se cerraba a mis espaldas. Comencé a caminar torpemente pero algo me hizo detener.
Sentía muy de cerca una densa respiración así como horrendos latidos que emulaban a los de un corazón agitado.
Comencé a temblar nerviosamente a causa del miedo que me invadía. Corrí hacia mi casa , los tenebrosos sonidos se acentuaban más y más . Entré desesperadamente , golpeando la puerta; los sonidos cesaron. Mis desorbitados ojos buscaron la llave que encendía la luz . Al accionarla mi mente se despejó y solo atiné a desvestirme y automáticamente me acosté. Mi esposa dormía con un libro en sus brazos, como consecuencia de esperarme hasta esa hora.
En los días siguientes , yo me había convertido en un autómata que solo hablaba si le hablaban , con los ojos en el infinito.
Durante las noches , mi esposa me despertaba para interrumpir mis gritos y los increíbles espasmos que me sacudían.
Todas esas experiencias circulaban por mi mente esa noche. Estaba totalmente conciente . Por unos instantes me pareció haber perdido el conocimiento y luego comencé a sentir que todo el cuerpo me vibraba. De pronto, como un sonámbulo , mis manos se elevaron hasta la altura de mis ojos.
Con los brazos estirados , ellas comenzaron a arrastrarme a través de los corredores de mi casa hasta el dormitorio de mi pequeña , que dormía ignorando el peligro que la acechaba. Mis músculos se tensionaron al máximo tratando de impedir seguir avanzando, pero era imposible, la extraña y maléfica fuerza me llevaba a algo que parecía inevitable. Desde la puerta del dormitorio de mi hija se filtró, primero , la amenazante sombra de mis manos, seguidas luego por el resto de mi cuerpo, que se agitaba desesperado.
La tensión de mi garganta sólo me permitía emitir un ahogado gemido, mis ojos pasaban de abrirse aterrados a cerrarse en un inútil esfuerzo de concentración; todo mi rostro era una mueca de espanto e impotencia.
Ya al borde de la cama, mis manos se dirigieron a la débil garganta.
Al contacto con su maligna frialdad, ella se despertó sobresaltada. Su rostro cambió de asombro a alivio cuando vio que era yo quien la había despertado, ignoraba que no era dueño de mis actos, y me dirigió una tierna sonrisa.
Al ver esto, el pobre hombre llegó a un estado de desesperación increíble.
Con un esfuerzo sobrenatural logró retirar esas manos del cuello de su hija. Estas inmediatamente se aprisionaron de su garganta , fue tal el impacto que se tambaleó , estrellándose contra la ventana, bajo la intensa presión de las fríos dedos se precipitó desde lo alto al jardín de la casa.
La niña se acercó a la ventana destruida y vio el cuerpo de su padre que yacía entre las flores del patio. Esa pequeña ignoraba lo que había pasado, ella ni siquiera percibía el latido que se extinguía en el frío de la noche , así como tampoco el hermoso tono rosa que surgía de las manos de su padre.
fin