joaquin doldan

martes, 14 de febrero de 2006

$>LA SEDUCCIóN de LA SIRENA

1ºPremio de Relatos -Facultad Odontología Sevilla 2006

1

Sus jóvenes ojos veían el turbio sol a través del agua salada. La espuma que su cuerpo generaba, en la locura de aferrarse a la vida , no le dejaba oír sus propios gritos de auxilio al barco que se alejaba. El océano se tragaba sus doce años, y su primer aventura terminaba entre su tierra y los sueños de inmigrante que sus hermanos le habían contagiado. No hay edad para notar que toda tu esperanza está sumergida.
Un bote se acercaba rompiendo las olas , a pocos metros de él, los brazos que no querían dejar escapar el aire, se perdieron en el gigantesco misterio azul que cada vez más temían los aterrados marinos, por ver pagar periódicamente a su raza el precio de usarlo como puente de esperanzas.
Se detuvieron mirando el mar que bailaba bajo ellos inocentemente.
El niño descendía , viendo escapar las últimas burbujas de su boca, la libertad se cortó cuando dos fuertes manos lo tomaron por la cintura, comenzó a subir y en cuestión de segundos la casi oscuridad de su mente se vio shockeada por el sol y el aire.
Los marinos miraban hacia esa zona como adivinando que el fin no había llegado. Uno de los tres gritó rompiendo la parálisis de sus compañeros. Sin buscar la explicación de cómo el niño había logrado salir a la superficie, dos de ellos se titaron hacia él y lo subieron al bote.

2

- Lo salvó una sirena- decía alguien en la oscuridad.
En los días siguientes mucho se hablaría del milagro que lo había devuelto del fondo del mar. Al niño le tomó el resto del viaje recuperarse.
-Miguel- dijo una voz conocida-Llegamos mañana. Llegamos a América.
Al entreabrir los ojos reconoció a su hermano mayor , y a uno de los marineros del barco.
Ese hombre que no podía dejar de mirarlo era uno de los que lo habían rescatado. Se había ofrecido a sus hermanos para cuidarlo alguna noche , sólo para estar a su lado, ya que desde ese día no había podido dormir en paz. En cuanto cerraba los ojos veía el mar tranquilo hasta que , como un proyectil, el niño salía y quedaba con el agua por la cintura, solo, en la inmensidad del océano. En más de un sueño le parecía haber visto traslucirse dos manos que sujetaban al joven cuerpo por las caderas, impidiendo que se lo tragara el agua, sosteniéndolo como un estandarte.
Su superstición le decía que el mar iba a cobrar el favor, que si había sido una sirena ese niño ya no tenía alma.

3

Los sueños de Miguel eran casi permanentes. Eran sombras de marinos contándose leyendas de mujeres-pez, o eran olas gigantes que lo tapaban mientras caminaba por su aldea, o era su cuerpo cayendo de aquel barco pero sin llegar nunca a zambullirse. Pero había un sueño especial en el que saltaba por el fondo del mar, se agarraba de la cola de enormes peces, recorría superficie y profundidad , sonriendo , con los ojos bien abiertos, disfrutando de las burbujas que escapaban entre sus dientes. Jugaba hasta sentir unas fuertes manos en la cintura. Al girar veía a una hermosa muchacha que le sonreía, con ojos color océano; él la tomaba por sus caderas de escamas y juntos nadaban en el fondo del mar.

4

Se convirtió en un hombre encantador. Era sumamente sociable y su sonrisa le había concedido el pasaporte al corazón de todas sus amistades.
Daba clases de literatura en la Universidad y en dos colegios secundarios , no quería tener tiempo libre, le huía al tedio y al silencio.

5

- Imaginen esto- su voz retumbó en el salón de clases- vivimos todos en una gran isla, como si hace poco hubiésemos naufragado . al darnos cuanta que estaríamos ahí por siempre, nos repartimos los trabajos: “nosotros seremos los cocineros”, dicen unos, “nosotros los médicos”, dicen otros. Luego de un tiempo formamos una gran escuela de especialistas , a la que llamaremos “Universidad”. Pues bien, el resto de los habitantes donamos parte de nuestras ganancias para que esa escuela se mantenga. ¿A cambio de qué?. Que algún día los egresados vuelquen su saber en nuestro beneficio...
Más de cincuenta atónitas cabezas lo enfocaban atentamente. Sus alumnos lo escuchaban, las clases no parecían sólo de literatura, estaban llenas de metáforas, chistes; en realidad eran tan de literatura que no sólo hablaban de libros.
- Bueno , y con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho,
Las risas estallaron y los estudiantes aplaudieron satisfechos.
Salió rápidamente del salón , en la puerta alguien lo interceptó:
-Disculpe , profesor, ¿le puedo hacer una pregunta?.
-Si , como no- contestó con una sonrisa que inmediatamente desapareció al enfocar los ojos de la joven. Eran profundamente azules, como sus sueños.
-No tengo mucho tiempo, los docentes tenemos sueldos bajos y trabajamos en varios sitios ,lo siento llego tarde, la próxima clase me consultas- le dijo, perturbado.
Sentía ganas de correr, odiaba perder el control. Se dio vuelta y caminó elegantemente .
- Odio perder el control.- dijo en voz baja.

6


-Me voy-dijo Miguel.
La música del lugar y el relámpago de las luces de colores hizo que la frase quedara aún más descolgada de la conversación. Tenía la suficiente intuición como para ver el desconcierto en la cara de Laura, por eso la tomó de la mano y la alejó de la pistade baile.
- El mes que viene viajo a Europa.
- ¿Europa?- se sintió tonta al darse cuenta que repetía sus palabras.
- Pero de paseo...- dijo mitad pregunta , mitad afirmación.
- No sé- contestó, mirando para otro lado.
Más tarde, mientras caminaban por la avenida, él seguía intentando explicar lo que sentía.
-Nací allá, pasé toda mi niñez, vine a los doce años. Decime sinceramente .¿hasta que edad tenés recuerdos?, ¿cinco años?, ¿cuatro?...
Ella buscó en su memoria y encontró falsees de la escuela, incluso de la guardería, la clarísima etapa de los cinco años con el divorcio de sus padres incluido.
-Yo- interrumpió Miguel- a lo sumo recuerdo de los trece en adelante. Como si hubiera nacido acá. Como si no hubiera sido niño, y ni a mis padres recuerdo. Cuando tenía diecisiete años falleció uno de mis hermanos, ese año el otro se volvió a Europa. No me quise ir, tenía planes sueños, cuando tuve tiempo de pensarlo descubrí que no sabía nada de mi mismo.
-Si te sirve de algo una opinión, a mi siempre me pareció que no te conocías- se atrevió a decir ella.- Sos contradictorio, sos la persona más tranquila que conozco, la más segura, pero te comportás como el que tiene más problemas.
- No me siento en paz, como si algo no encajara, ,y el no descubrir el motivo me pone peor, ¿entendés?.
- Ella lo miró y vio sus ojos ahogados en lágrimas por eso lo abrazó fuerte. Cuando se despidieron él, como siempre ante una chica que le gustaba, tomó su mano y le dio un tibio beso en el dorso. Ella sonrió y le dijo:-Siempre el mismo ritual. Soy tan previsible lloriqueó haciéndose el melodramático.
- Dale, artista- rió Laura- va a amanecer y vos vas a estar en veremos. Mirá que te va a agarrar la lluvia- le dijo señalando la tormenta que se acercaba.
Cuando comenzó a llover estaba en la parada de ómnibus. Las nubes habían opacado totalmente el amanecer, como si el sol se hubiera asomado y decidido ese día no salir.
La mojadura y la espera crearon en Miguel una especie de mal humor fastidioso. La humedad le hacía doler la rodilla que él suponía haberse lastimado de niño; suponía, porque no se acordaba. El traumatólogo le mostró las secuelas de una posible intervención o algo así, inclusive tenía una cicatriz enorme , quizás una accidente quien sabe que había pasado. El hecho es que la humedad, el exceso de ejercicio, y hasta el stress le hacían doler toda la articulación, que hasta llegaba a latirle como si tuviera el corazón en la pierna. Esto le recordaba que no sabía nada sobre su niñez, cosa que lo terminaba de desesperar.
Cuando por fin vino el ómnibus se sentó al lado de una ventanilla. Viajaban además una pareja joven y una mujer con dos nenitas. Afuera la cortina de agua se hacía más intensa y él no podía apartar su mente del dolor de su rodilla. Casi al fin de su viaje subieron cuatro personas a los gritos y empujones. Eran tres tipos y una mujer joven; entre risas y burlas se pusieron atrás suyo. Si bien llamaron su atención trató de no mirarlos. El griterío le dio dolor de cabeza que imitaba al latido de su pierna . le costó darse cuenta que las ofensas estaban dirigidas a él. Comenzaron a fumar , el humo le molestaba muchísimo , a pesar de la lluvia decidió abrir la ventana , pero ésta se resistió , lo cual acentuó las risotadas de los molestos y maleducados pasajeros. Aunque no le gustaba la idea, estaba furioso.

7

Cuando llegó a su destino se levantó lentamente. Se dirigió a la puerta rengueando por no poder apoyar la pierna que ahora parecía hervirle.
Para ponerse frente a la puerta tuvo que pasar entre dos de los tipos , notó un fuerte olor a alcohol que lo repugnó. Recordó que dormiría dos horas y tendría que ira a trabajar , y mientras él daba clases todo el día esos tipos dormirían recuperándose de su borrachera. Sabía que si no le doliera tanto la rodilla no pensaría esas tonterías ,pero ya no podía controlarse. “Denme un motivo”, pensaba.
La lluvia empezó a caer con más fuerza , todo estaba mojado , por los cordones de las vereda el agua formaba mini-ríos . En un instante, al abrirse la puerta , la muchacha dijo con voz de borracha “¿qué pasa renguito?”, y agachándose le apretó con una mano el muslo y con otra la rodilla. El dolor se dibujó como un rayo desde la pierna hasta su boca , no pudo evitar el grito. Los cuatro comenzaron a reír a carcajadas. Miguel vio el cordón de la vereda inundado , sintió como su cuerpo se mojaba , y efectivamente se estaba mojando , fue tan rápido que todos demoraron en reaccionar. Tomó a la joven de los pelos y se zambulló luego de golpear en la vereda , rodó hasta la calle y hundió la cara de ella todo lo que la escasa profundidad le permitió. Sintió bajo el peso de su cuerpo como progresivamente la resistencia a mantenerse sumergida aumentaba. Los tipos saltaron sobre él y lo golpearon duramente, pero Miguel- que jamás había peleado en su vida- golpeó a uno contra el ómnibus tan fuerte que lo dejó inconsciente , el otro tomó a la chica (que tosía y lloraba a los gritos) y salió corriendo, el tercero lo abrazó diciendo: “¡loco de mierda te voy a matar!”. Miguel sonrió , al hacerlo notó que le dolía mucho el costado derecho de la cara y que su rodilla ya no latía. A pesar de casi no poder moverse por el corpulento hombre que lo apretaba como un oso, llevó una mano hasta los testículos de su contrincante y apretó con saña. El hombre gritó, lo soltó enseguida , comenzó a caminar para atrás. Miguel cayó de rodillas pero aún así su mano seguía apretando , como una prensa . Sentía como lo arrastraba al caminar y como con las dos manos trataba de liberarse del castigo, pero el profesor seguía apretando. Solo al caer el pobre tipo se vio liberado de la mano del enfurecido atacante , cayó boca arriba en medio de un charco y cuando iba a reaccionar sintió que le golpeaban en la cara una y otra vez. El guarda y el chofer tomaron a Miguel de los brazos , éste subido al pecho de su víctima ya tenía los puños lastimados. “Tranquilo , hombre lo vas a matar”, le decían. El comenzó a reaccionar, “lo siento”, murmuraba, “perdí el control”.

8

En la comisaría Miguel miraba sus puños ensangrentados, sentía vergüenza por lo que había pasado.
-Profesor, pase por acá , por favor.- dijo un policía que parecía ser de alto rango . Cuando se puso de pie salía de la habitación el chofer del ómnibus, por reflejo sonrió y el hombre lo saludó con admiración . Aparentemente su sentimiento de culpa estaba de más , y los testigos y los antecedentes de sus “víctimas” hicieron que no lo culparan de nada y encima fuera una especie de héroe.
Aún así le llevaría mucho tiempo olvidarse de lo que sintió, o mejor dicho de lo que no sintió.

9

...por ejemplo el símbolo del ying y el yang. El constante equilibrio entre el bien y el mal-explicaba a sus alumnos- el hombre siempre clasificó las cosas y las personas , lindos y feos, buenos y malos, sanos y enfermos. Sin embargo ,la vida nos muestra que no podemos encasillar , que lo que está ahora sano puede enfermarse un poco, que lo más feo tiene algo lindo y que hasta lo más bueno se equilibra con lo malo.. Quizás fuera más comprensivo el mundo si aceptáramos ese equilibrio y la dinámica del mismo. Vamos a leer con esos conceptos este libro de Stevenson.
- Sin embargo- retumbó una voz en la clase – yo creo que , en algunos casos, las personas pertenecen a una de las “zonas”.
- Miguel quedó desconcertado por la interrupción, buscó la voz entre el montón de caras, preguntó sin localizarla.
- ¿A qué te referís con zonas?.
- ¿No es posible que algunas personas sean en esencia, por ejemplo, buenas y por momentos (para sentirse vivos o para apreciar la diferencia) sean malos?.
Vio a quien hablaba : antes , su rostro , sus ojos enormes y color océano lo habían envuelto. Era la chica con la que no había podido hablar, quien sabe por qué.
-Si , es posible- le contestó, sin dejar de mirarla.

11


Esa noche escapó al muelle de la ciudad. Las olas iban y venían , como sus pensamientos. Hace un año había comprado su velero, con él desquitaba su pasión por el mar. Irónicamente casi no navegaba, le tenía un miedo terrible.
Terror y atracción , una fórmula infalible en la mente de lo hombres.
No había luna, pero la blanca estructura de “La Sirena” se bamboleaba sensualmente al ritmo del murmullo que la sostenía.
Pensaba en la fascinación ante las cosas desconocidas , ante lo que nos infunde temor. Caminó por el lugar y se sentó frente a su barco, su rodilla crujió y él la miró intentando adivinar por qué no recordaba su niñez.”Un pueblo sin memoria nunca puede ser justo”, había dicho un cantante; “un hombre sin recuerdos”, pensó él, “tiene que haber un motivo”.
Recordó las palabras de la muchacha, gente buena que le atrae lo malo. Lo atrapó el olor salado, miró a través del mar y vio los ojos de la joven alumna, lo sedujo su transparencia, sintió un incontrolable deseo de tenerla , de zambullirse en ellos. La oscuridad de la noche estaba en ese reflejo, presente como durante la pelea del ómnibus , esa maldita sensación de descontrol , esa odiada impresión de disfrutar los golpes y el dolor que causaba, esa horrible idea de la ausencia de recuerdos, de un círculo no cerrado y que algo dentro suyo no estaba bajo su control.

12

“Nástenka”, leyó en la ficha.
-Debe ser descendiente de rusos- murmuró.
Todos los datos facilitaban el acercamiento , amaba la conquista y le tenía una fé ciega a su posibilidad de un romance.

13

A la siguiente semana fueron a navegar juntos.
Paso a paso, “ como una cacería”, pensaba Miguel. Al hacerlo recordó las discusiones sobre machismo y feminismo con Laura. Ella se decía “humanista” y no feminista; “somos iguales”, gritaba, “humanos, lo cual es sinónimo de virtudes y defectos. No estoy en contra de la seducción pero si en contra de la cacería”. Sabía que tenía la razón pero había tantas cosas bien que él hacía mal que esto , y sobre todo en esta sociedad , pasaría desapercibida . Creía que era una cuestión de códigos, si aceptaba estar hasta la noche con él, sola en un barco, era sinónimo de que la seducción había resultado.
Navegaron todo el atardecer hasta que l anoche se hizo cómplice . El mar estaba apenas sacudido por la misma brisa que los empujaba .Detuvieron la marcha , la brisa se había apagado mágicamente. El momento tenía todo el encanto necesario para consumar el beso como portal definitivo para la historia de amor . Se acercó lentamente , la abrazó y cuando iba a besarla , ella dio vuelta la cara.
-No , Miguel-le dijo.
En el momento no entendió lo que pasaba, sintió calor en el rostro y comenzó a enojarse.
-¿Por qué llegaste hasta acá?- dijo inexpresivo.
-Pensé que te darías cuenta, no es por nada, solo quería pasear, distraerme, pero nada más- afirmó con la razón de su lado.
-Bien.- dijo él. Se dio vuelta y fue a la cabina.
¿Le pareció bien o había un dejo de burla en esos ojos que lo descontrolaban?. Comenzó a ponerse cada vez más furioso , se sintió como un machista asqueroso y eso le daba más rabia , se vio como un niño caprichoso y pensó que estallaba.
Cuando salía de la cabina tropezó, cayó acostado a los pies de Nástenka . Su rodilla explotó contra la madera , su rostro golpeó con fuerza ya que sus manos no reaccionaron a tiempo . Gritó a través del manantial de sangre que le fluía por la boca. Le pareció que hubo un segundo de interminable silencio , como una imagen congelada : él acostado boca abajo y ella parada mirándolo .
Una carcajada rajó el silencio .
Ella reía, intentó contenerlo pero le había dado gracia, quiso ahogar la risa con la mano y murmuró :”lo siento,¿ te lastimaste?”.
Se levantó lentamente. Ella al ver su cara con sangre se petrificó. Miguel solo sentía el “ja ja” y los crujidos de “La Sirena” . En estado normal nada de esto le hubiera molestado , pero se sentía sin alma, y le pegó.
El puño cerrado chocó en medio de la hermosa cara con tanta fuerza que la dejó inmediatamente inconsciente, la hizo saltar hacia atrás lo suficiente para caer por la borda.
Vio el joven cuerpo tragado por las tímidas olas y quedó de pie con el puño todavía cerrado.


14


El amanecer lo encandiló.
“La Sirena” seguía ala deriva y él seguía entre sueños. Las últimas imágenes de la noche lo atormentaban, y antes que se preguntara que había de cierto en ellas, el dolor de su puño con vestigios de sangre fue la respuesta.
-No, no.- dijo Miguel.
A lo lejos , por donde el sol se había ido , vio algo que se movía entre las olas . Le pareció ver unos brazos batiéndose para aferrarse a la vida , creyó oír una débil y joven voz pidiendo auxilio.
Sin pensarlo se tiró de su barco , que divagaba en el mar. Nunca lo había hecho pero “chapoteó” cuanto pudo, aún sintiendo que se hundía nadaba con velocidad y usando hasta el último vestigio de energía en sus pulmones.
Desde abajo del agua vio como aquel cuerpo se sumergía resignando. Desesperadamente lo tomó por la cintura y empujó con fuerza hacia arriba. Lo mantuvo así mientras veía a través del mar como el aire en forma de burbujas de vida lo abandonaba para siempre.
Llegó a ver como su estandarte era rescatado por la superficie y por fin pudo soltarlo.
Miguel siguió hundiéndose con los brazos estirados como despidiéndose del sol para ser trasladado por la oscuridad que tanto lo había atormentado .
Los tres marinos que habían sacado al niño del océano remaron hacia el barco en silencio; solo uno se atrevió a decir:
“Lo salvó una sirena”.


Fin
Publicado por joaquind @ 10:41 | Enviar