domingo, 12 de marzo de 2006
Momias
VonVanderdecken entró en la tumba. La luz de la antorcha iluminaba y entibiaba la gélida oscuridad que lo rodeaba. En la penumbra empezó a descifrar los jeroglíficos.
"No entrarás a este lugar", decía.
El frío empezó a soplarle la nuca.
La siguiente frase estaba apenas legible:"Maldición para el que penetra", o algo así.
Un ruido en algún rincón lo distrajo. Sentía la boca seca. No podía tragar.
Se inclinó un poco y creyó leer:"No te inclinarás...".
Bajo su ropa entró un frío que partía.
Una tapa de piedra se abrió en una de las paredes.
Una figura temblorosa, cubierta de sucias vendas emergió del interior.
Sin que el arqueólogo se diera cuente, una momia comenzó a caminar hacia él.
Un segundo antes de que la muerte lo tocara, la pared frente a el se abrió. Algo lo empujó a su interior dejando atrás el posible final. La oscuridad era casi total .El olor a encierro, el polvo y las telas de arañas formaban un macabro concierto .Un resplandor que, aparentemente venía del suelo adivinaba inmóviles siluetas .Buscó el contacto de la pared .Sintió que debía salir pronto de allí. Escarbaba desesperadamente entra las piedras cuando percibió que algo se movía a sus espaldas ,antes de comenzar a conjeturar una mano le aprisionó un hombro ,se dio vuelta y al instante se encontró en el aire sujeto del cuello sin poder respirar .La momia que lo ahorcaba lo había levantado un metro del suelo. Desesperadamente le golpeó y la cabeza de su verdugo voló para chocar contra una pared como una fruta podrida. Docenas de momias se dirigían hacia el cuando cayó en el piso de madera que no aguantó su peso .Fue a dar encima de un montón de huesos humanos .Trató de correr en la oscuridad, buscar una salida. Sus manos encontraron una puerta y comenzó a patearla .Por el agujero del que había caído empezaron a tirarse las momias aterrizando unas sobre otras. Ya algunas avanzaban hacia él cuando la puerta cedió y el arqueólogo se encontró con el aire libre de la noche. Estaba afuera .El y las momias.
Luego de un segundo se volvió a sus espaldas para ver .Del oscuro interior emergían cada vez más temblorosas formas. Se tropezó al tratar de correr por la arena, pero se arrastró, gateó y finalmente se levantó como disparado hacia las luces del pueblo.
Las momias dibujaban un maléfico rastro por la lisa piel de los médanos. Ante ellas las huellas del desesperado investigador eran casi un camino a seguir.
A metros del portal, en medio del caos de sus pensamientos surgió la idea de que justamente, las iba a hacer entrar en el pueblo que dormía inconsciente del peligro. Se desvió y ellas se desviaron con él.
A un costado del muro que delimitaba al pueblo una solitaria casa era una especie de parador para viajeros de paso.
Ya hecho un experto en derribar puertas, entró por la principal con el mismo impulso con el que venía corriendo.
En el interior del comedor vacío el viejo dueño y su joven esposa estaban cenando. No tuvieron tiempo de echarlo ni él de explicarle nada ya que inmediatamente las momias invadieron el portal. VonVanderdeken empujó un armario hasta cubrir la puerta.
Los vidrios de las ventanas comenzaron a estallar.
"Vamos arriba", gritó la muchacha con tono determinado.
Ya en el piso superior bloquearon el único acceso de la escalera con todos los muebles que encontraron.
Hubo un tenso minuto de silencio.
"¿Que está pasando, profesor?", preguntó sin aire el anciano.
La respuesta nunca llegó.
La escalera crujió con el peso de las momias, y la montaña de muebles empezó a derrumbarse siendo trepada por infinidad de cuerpos sin vida. Al verse atrapados se dirigieron a la ventana.
Cuando el anciano atravesó la ventana sin que el arqueólogo lo notara la joven lo empujó .Fue a parar al patio donde otro centenar de momias se repartieron sus pedazos.
Horrorizado VonVanderdeken se aferró al borde de la cornisa.
A sus espaldas la joven había desaparecido.
Pensó en volver a buscarla pero si la teoría de que lo seguían a él seguía siendo correcta, lo mejor era alejarse del lugar.
Se deslizó hasta el techo del porche. Desde ahí saltó al jardín, y corrió en dirección a la tumba en la que nunca debía haber entrado.
Realizó en su interior todo el recorrido que había hecho esa noche. Al mismo tiempo en la casa, las momias desaparecieron. Al sentir el silencio la joven salió de su escondite en el ropero. No podía creer su golpe de suerte .De la nada se había transformado en una feliz viuda .Bajó al comedor .Las momias habían pasado como una tromba pero el resultado final merecía un brindis.
VonVanderdeken llegó al lugar dónde casi lo ahorca una momia, el "cadáver" de su asesina asesinada estaba tendido a sus pies, a lo lejos lo que quedaba de la cabeza apenas se adivinaba en la habitación que el amanecer comenzaba a hacer visible gracias a las puertas ahora destruidas.
Una rápida idea surgió de su mente .Le quitó la venda a la momia y confiando en la torpeza de las demás se envolvió en ella. Al poco tiempo las primeras momias llegaron al lugar. El arqueólogo las imitaba temblando y caminando con ellas torpemente. En sus actitudes se adivinaba el desconcierto de haber seguido al hombre hasta allí para encontrar otra de ellas. Cuantas más de ellas llegaban mayor era el desconcierto que el aprovechó para abrirse paso hasta la salida .Espero afuera y cuando entró la última empujó con todas su fuerzas la piedra de entrada, antes de cerrarla totalmente tomó la antorcha que señalaba la entrada .Luego fue hasta el lugar por el que hoy había escapado y tiró la antorcha. El fuego que no tardó en extenderse para el interior. Se sentó en la arena, estaba sin fuerzas. Miraba dentro de la tumba como moría la muerte.
En la casa de las afueras del pueblo un brindis estaba por ser interrumpido por la única momia que no había llegado a percibir que el profanador de su descanso había escapado.
Joaquín Doldan