joaquin doldan

martes, 14 de marzo de 2006

$>¡El Apocalipsis, nabo!

¡El Apocalipsis , nabo !


La respuesta que me dio la rubia fue terminante pero previsible. Estábamos todos mirando el reloj que daba marcha atrás... y se puso en cero. Todo terminó...
No me di cuenta de nada lo cuál hace que este sea un breve y dudoso instante de lucidez. Pero en este misterioso chispazo siento la rebeldía de haber tenido frente a mi cara durante años la famosa profecía a punto de cumplirse. El temido anticristo que todos supusimos con cuernos y cola no era o por lo menos no parecía una persona, ni un ex-ángel, ni un pibe con tres seis tatuados en la cabeza.
El Apocalipsis empezó antes de que yo naciera y lo peor era que iba a seguir un rato.
No le había bastado con exterminar la humanidad, la civilización tal cuál la conocemos. Había usado la mejor estrategia. Tan buena que nadie la había notado, hasta hoy, cuando ya no importa.
En este instante, aunque ahora no tiene valor decirlo, recuerdo un hecho que me había extrañado en el pasado cuando encontré un par de publicidades en internet de marcas que no existían, ni representaban artículo alguno. "¡Que tontería!", pensé de inmediato. Ahora veo que no era así.
Se terminó el mundo y ningún rayo partió la Tierra. No hubo meteoritos gigantes. Ni olas "insurfeables". El suelo no se quebró, ni se tragó a los autos. Es más, podríamos decir que es un día despejado y con agradable temperatura. No esperen huracanes, ni diluvios. Y de los cuatro jinetes famosos, nada, ni los caballos.
Lo que sucedió es tan terrible que por suerte en un par de días se supone que comienza el juicio, y sea cuál sea el resultado va a ser más esperanzador que esto. Indudablemente la fe es un auténtico tesoro.
Lo más indignante es que no hubo lugar donde estar a salvo. Me enoja solo con pensar que me agarró adentro de un shopping el acontecimiento más importante que me tendría por testigo.
Mi sensación ante el suceso fue la que se puede sentir cuando haciendo el más complejo puzzle se encuentra aquella pieza clave que le da forma a todo.
Empecé a trabajar en la agencia cuando era muy joven. Primero hacia los trámites y luego de participar casi por accidente en una "tormenta de ideas", lo que quiso ser un comentario humorístico terminó siendo un sello que popularizó mi lugar de trabajo.
Por esos días comenzó a crecer la costumbre de incluir agua en la leche, bosta en los ladrillos, papel en las hamburguesas , y tantas otras pequeñas variaciones que hicieron imperceptible el momento en que dejamos de tomar el alimento más completo, y comenzamos a comer cartón y vivir en casa de mierda.


...continuará?

Joaquín Doldan
Publicado por joaquind @ 10:37 | Enviar