sábado, 02 de diciembre de 2006
Olfato de detective

Ramadán, el hechicero, se especializaba en crear los perfumes más increíbles.
De todo el planeta, incluso seres de otros planetas, viajaban hasta su choza en el bosque para que él les hiciera alguna de sus maravillosas fragancias.
Los olores que están contenían tenían muchos usos: daban hermosura, brillo, alegría; incluso algunas enamoraban o por lo menos hacían que quien la usara cayera simpático. Además servían para convertir una comida en algo delicioso ya que algunos aromas lograban que su gusto fuera exquisito. Sabía hacer perfumes a pedido, para ser más sabio, para tener más memoria, si alguien lo necesitaba le daba olor a aventura, a nieve, a océano, a luna llena. Un día de lluvia inventó el olor a optimismo, una noche el aroma para llevar la teoría a la práctica y otro para dar un aire misterioso(que siempre resulta interesante).
No pasaba un solo día sin que se le ocurriera una nueva fragancia con el único objetivo de que la gente se sintiera mejor.
Una mañana muy temprano se despertó escuchando, como siempre el canto de los pájaros, cuando entró de repente a la choza su amigo y ayudante el duende Cable, llamado así porque era muy flaco. Sus gritos de alarma hicieron que Ramadán saltara de la cama tan alto que tocó con la punta de su nariz el techo de paja.
-¿Se puede saber que te pasa?-preguntó el hechicero mientras aterrizaba suavemente.
El duende flaco estaba muy asustado, le temblaba la voz y su gorro rojo se sacudía en todas direcciones:
-Dicen las hadas que vieron por los alrededores a Chandrú y sus gnomos.
Verdaderamente era para asustarse. Chandrú era un magitruk, o sea un mago falso que basa sus poderes en robar fórmulas ajenas, en comprar trucos, en usar máquinas de alta tecnología, y además usaba a su ejército de gnomos para atormentar a las personas.
Ramadán sonrió para serenar a su amigo pero este notó la preocupación de su mirada.
-Vamos a dar un paseo y juntemos unas hierbas, quizás nos crucemos con ese señor y adivinemos sus intenciones.-dijo finalmente el hechicero.
En el bosque existían infinidad de árboles y plantas. No solo eran muchas sino que eran muy variadas. Desde el pino más alto al hongo más pequeño saludaban al hechicero y su ayudante. Algunos árboles les obsequiaban frutas deliciosas mientras una suave brisa hacía que las ramas bailaran. La música la ponían unas cañas de bambú de aprovechaban el viento para soplar melodías que daban tanto gusto que encantaban. Con la panza llena y la mente tranquila Cable se acostó en un claro del bosque donde el pasto era de un verde intenso. Las pequeñas hierbas le hacían cosquillas en la cara para evitar que se quedara dormido.
-No te detengas amigo-dijo Ramadán- Aún faltan muchas hierbas por encontrar.
Los helechos abrían camino para ellos, los árboles pequeños recibían estimulantes caricias y palabras de aliento, y hasta las enredaderas buscaban la manera de desatarse para que pudieran pasar sin tropiezos.
Ya en lo alto el sol lograba iluminar incluso a través de los árboles más tupidos, muchos rayos dorados venían desde lo alto y se detenían en el sendero, iluminado las hojas caídas.
Ramadán elegía sus hierbas y cortaba solo una de sus ramitas para que la planta no se secara y pudiera seguir viviendo. Tan buena relación existía entre ellos que le habían enseñado como hacerlo sin que la vegetación sufriera.
El hermoso bosque poseía un enorme secreto, pero ni siquiera Ramadán lo conocía.
Cuando casi terminaron su tarea vieron a lo lejos una diminuta figura sentada en las raíces de un ombú.
Se acercaron sigilosamente para descubrir que era una pequeña hada que lloraba desconsoladamente.
-¿Qué te sucede?-le preguntó el duende.
-Me han robado mi varita mágica.-dijo ella entre sollozos.-Sin ella no podré ser nunca un hada madrina.
Eso era algo terrible, muchas hadas estudiaban toda su vida para ser el hada madrina de una niña, pero necesitaba su varita.
-¿Viste quien te la robó?-preguntó el hechicero.
-Mientras olía unas margaritas la dejé sobre el ombú, sentí unos ruidos extraños y ví correr a unos gnomos, miré y mi varita ya no estaba.
Eso resolvía parte del problema, por lo menos aparentemente.
-No te preocupes nosotros te ayudaremos-dijo Cable, aunque no le hacía ninguna gracia enfrentarse a Chandrú y sus gnomos.
-Mi amigo tiene olfato de detective-comentó Ramadán en broma para tranquilizar a la pequeña hada.
Los tres volvieron a la choza. El hechicero le ofreció a el hada un exquisito té para que repusiera fuerzas luego de tanto llorar.
“¿Para que querrá Chandrú la varita de un hada?”, pensaba Ramadán. Su duda era muy lógica las varitas solo funcionaban en manos de las hadas. “¿Para que disgustar el sueño de una futura hada madrina?”.
Mientras ella se quedaba dormida sentada en un sofá, el hechicero y su ayudante salieron al bosque a investigar.
Entre unos rosales escucharon ruidos extraños. Unos pequeños seres, muy feos, con caras verdes y gorros rojos se reían escondidos entre las espinas.
-Gnomos-murmuró el hechicero.
De repente sonó un trueno y comenzó a salir humos de varios lados. Con gesto solemne apareció ante ellos Chandrú. Los gnomos se pusieron a aplaudir.
-Ramadán- saludó el magitruk.
-Veo que has mejorado los efectos especiales-comentó el hechicero irónicamente.
-Estoy ensayando a diario... ya digamos que estoy consiguiendo una tecnología más apropiada a los tiempos que corren- contestó Chandrú mientras sacaba un control remoto. Apretó un botón y vino un trono sobre ruedas en el cual se sentó.
-¡Y hablando de conseguir cosas le robaste la varita mágica a un hada!-dijo Cable en forma impulsiva.
-Esa es una acusación grave duendecillo-contestó Chandrú-Grave y ofensiva.
-Debería saber que las varitas mágicas solo funcionan en manos de las hadas.-comentó Ramadán.
-Yo sé todo lo que hay que saber. Insisto en que yo no robé ninguna varita. Ni yo ni mis colaboradores.
Como respuesta los gnomos aplaudían a su amo y lanzaban gritos de admiración.
-Entonces supongo que no tendrás inconveniente en rociarte con esta loción-dijo Ramadán sacando de entre sus ropas un pequeño frasco.-Es el perfume de la verdad.
Se hizo un momento de silencio, hasta los gnomos se callaron esos instantes.
-Bien desconfiado amigo, acepto el reto.-dijo Chandrú y fue vitoreado por sus lacayos.
Ramadán apretó el rociador y pequeñas gotitas mojaron al magitruk.
-Escúchame Chandrú. ¿Fueron tú y tus ayudantes los que robaron la varita mágica del hada?.
Bajo el infalible efecto del perfume de la verdad el magitruk respondió:
-Por supuesto que no.
Cable y el hechicero se miraron desconcertados. Los gritos de alegría de los gnomos se hicieron insoportables.
-¿Has visto, supongo que ahora me dejarás tranquilo?-dijo Chandrú reconfortado.
El hechicero no contestó se dio vuelta para seguir con su investigación.
-Antes de que te despidas tan cordialmente tengo una pequeña pregunta. Creo que merezco una respuesta luego de tu falsa acusación.-comentó el magitruk.-¿Sabiendo que este bosque oculta un gran secreto no has sentido curiosidad por averiguar cuál es, de que se trata, que pueden saber las plantas que no lo comparten contigo luego de toda una vida de estar juntos?.
Ramadán apenas giró para contestar sin rodeos:
-Curiosidad he sentido. El secreto del bosque me ha servido para aprender que podemos vivir en paz aunque no lo sepamos todo antes de tiempo. Saber implica una gran responsabilidad.¿Para que me serviría a mi el secreto mas que para saciar la curiosidad?.
-Tú lo sabes. Para tener poder.-dijo Chandrú.
-Cada vegetal del bosque es mi amigo. Su amistad es mi poder.- dijo finalmente el hechicero, que se estaba enfadando con la ambición de Chandrú a flor de piel. Por eso decidió no hablar más, se fue caminando con su ayudante, aún debían encontrar la varita del hada.
Buscaron hasta que se hizo la noche y en medio de la oscuridad se escuchó un sonido atronador.
Parecía un terrible derrumbe , así que corrieron hasta el único sitio rocoso del bosque. Llegaron muy cansados de esquivar árboles y cuando llegaron la tranquilidad del lugar los desconcertó. Ramadán escuchó entonces una risa que y atrás de un grupo de rocas doradas vieron a Herminia, la ogra de siete orejas.
-Ja...¿qué les parecen mis nuevos sonidos?...¡son increíblemente reales!-dijo y repitió el derrumbe con un grito de su mágica garganta.
-Herminia estamos en un tema complicado, no es tiempo de juegos.- contestó Ramadán.
-Vieja tonta- murmuró Cable.
-¡Has dicho cara de torta!-gritó la ogra.
-Dije tonta y no torta...¡sorda!.
-¿Gorda?...¡me has dicho gorda enano atrevido!.
-Basta-interrumpió el hechicero- No es momento de discusiones.
Cable escuchó el rugido de un león y enseguida descubrió que era otra de las imitaciones de la monstruosa vieja que cuando reía hacía brillar su piel verdosa..
-Escuchen bien...-dijo tratando de ponerse seria.
-Que escuchemos bien nosotros..que ogra más atrevida-comentó el duende.
-Llamé su atención porque el secreto del bosque está en peligro
Bastó con decir eso para que el hechicero y su ayudante se miraran preocupados.
-Las varitas mágicas que se pierden tienen un gran contratiempo, si alguien las siembra como si fuera una semilla, y luego la riega durante dos noches sin luna surgirá de la tierra una pequeña flor que develará el secreto del bosque a aquel que huela su aroma.
La ogra dijo todo esto de forma muy solemne, con la voz entrecortada, cerrando los ojos y con una creciente palidez de su verde rostro.
-No temas Herminia, resolveremos el problema.- dijo Ramadán.
Cuando volvían a su casa los dos compañeros estaban en silencio, cada uno trataba de resolver el misterio. ¿Qué pasó con la varita del hada?, Si Chandrú no había sido:¿Quién la había robado?, ¿quién si no era él se quería apoderar del bosque?...
Se escuchó un gran trueno en la noche.
-Esa ogra me tiene cansado con sus imitaciones- dijo Cable.
Pero un relámpago iluminó por un instante el bosque con su luz azul.
-Me parece que esta vez no es ella. -contestó Ramadán. Y no más terminada su frase gruesas gotas comenzaron a caer del cielo.
Corrieron hasta la cabaña y se acostaron a intentar descansar.
Grande fue su sorpresa a la mañana siguiente cuando la lluvia seguía sin cesar.
Desayunaron en silencio, tratando de pensar en todo el caso.
La tarde siguió con una lluvia constante, no paraba ni un instante. El hechicero miraba caer el agua desde su ventana. Los verdes habitantes del bosque, desde el pasto hasta el último gran árbol estaban felices. La lluvia siempre era una buena noticia, agua pura que caía del cielo.
De repente alguien golpeó la puerta de la cabaña.
Cable la abrió y al instante cayó a sus pies la pequeña hada que perdió su varita. Totalmente mojada y tan cansada que no podía ni hablar ni sostenerse en pie.
Ya en la casa, seca y al lado de la estufa a leña, Ramadán le aplicó uno de sus perfumes restauradores y el duende le hizo un café con leche. Cuando pudo hablar el hada contó:
Ayer a la salida del bosque vi unos gnomos tras una mampara de metal , mi disfracé de gnomo en mi casa y volví al lugar. No pude evitar asustarme con lo que ahí había. Era una máquina gigantesca, llena de luces , palancas y botones, de la que salía un enorme caño hacia el cielo, lo llenó todo de nubes de tormenta, de noche se desató esta tormenta. Cuando la máquina comenzó a funcionar salí corriendo pero los gnomos me descubrieron y casi me atrapan, unos arbustos me ayudaron a ocultarme entre ellos y tuve que quedarme allí toda la noche, hasta que ellos cesaran su búsqueda.
-Que extraño-dijo Cable- ¿Por qué querría Chandrú hacer que lloviera tanto en el bosque?.
-”Las varitas mágicas que se pierden tienen un gran contratiempo”-recordó Ramadán en voz alta-” si alguien las siembra como si fuera una semilla, y luego la riega durante dos noches sin luna surgirá de la tierra una pequeña flor que develará el secreto del bosque a aquel que huela su aroma” .
-Eso fue lo que dijo la ogra Herminia-comentó Cable- Quiere decir que lo que Chandrú está haciendo es regar la varita perdida del hada.
-Eso creo- reflexionó el hechicero.
-No lo entiendo, entonces:¿cómo logró engañarnos?. Con el perfume de la verdad no se puede mentir y el aseguró no haber robado la varita..
-Como sea amigo, vamos al bosque, creo que sé donde buscar la punta de esta madeja.
Así los dos amigos fueron al bosque. Tras las nubes el sol se iba por el horizonte y la lluvia seguía cayendo en forma constante. Llegó la noche y nuestros detectives estaban en una pequeña cueva cercana al sitio donde desapareció la varita del hada. Estuvieron atentos y en guardia. A veces el duende dormía un rato mientras el hechicero vigilaba y viceversa.
Llegó el amanecer y vieron a pocos metros de la cueva una pequeña flor que comenzaba a emerger.
-Mira Cable- gritó el mago.- Por eso Chandrú nos engañó. Le pregunté si había robado la varita del hada y dijo la verdad. No la robó, solo aprovechó un descuido de esta para taparla con tierra y echarle encima unas hierbas. Así el hada perdió la varita, está enterrada en el bosque, justo donde nace esa flor.
-¡Muy inteligente!- gritó Chandrú de lo alto de una roca .
Ramadán y Cable se prepararon para un feroz ataque de los Gnomos que aparecía por todos lados.
-Lástima que no te servirá para nada. Esa flor será mía y me convertiré en el amo del bosque, en el único que sabrá su secreto.
- Eso lo veremos -dijo el hechicero. Y sin dudarlo se zambulló sobre la pequeña flor.
-¡No!-gritó el malvado magitruk. Pero fue tarde, el primero en oler la pequeña flor fue Ramadán por lo tanto con el suave y débil aroma sintió un susurro , una delicada voz que le contaba el secreto del bosque.
Los gnomos apartaron al hechicero que seguía tendido sobre la hierba como dormido y gruñendo arrancaron la flor para dársela a su amo.
Chandrú la tomó entre sus manos y vio como se marchitaba hasta desaparecer.
-Ya es tarde, esto ya no sirve. ¡Me mintió dijo que no quería saber el secreto!.
-No lo entiendes.-dijo Cable que miraba triste al hechicero que seguía inmóvil en la hierba.
-Saber un secreto implica una gran responsabilidad, y quizás saber renunciar , y seguramente tener gran capacidad de dar sin pedir nada a cambio. No lo entiendes, saber un secreto es saber ser amigo.
-Vamos- gritó Chandrú a sus gnomos- acá no tenemos nada que hacer, iremos a la ciudad a trabajar en algún programa de televisión para niños.
Los gnomos se rieron y frotaron sus manos y se fueron para siempre del bosque.

Ramadán tardó tres días en despertar. Cuando lo hizo Cable estaba al borde de su cama, esperando.
El bosque fue una fiesta cuando supieron de la recuperación del hechicero. Poco a poco todo volvió a la normalidad.
Además de crear perfumes Ramadán tenía ahora la misión de guardar el secreto del bosque. Efectivamente saberlo daba poder, era una gran responsabilidad. Y cuanta más gente lo supiera mejor, pero a su momento, cuando el mundo estuviera preparado para entender que este bosque como todos son uno solo. Unidos por raíces invisibles los árboles y las plantas se unen por debajo de la tierra y por lo tanto atacar a uno es atacarlos a todos, regar a uno es darle de beber a todos, acariciar a uno es amarlos a todos.



La guerra de los colores



Mi amigo Juliano era un niño muy tímido. Sin embargo si uno se acercaba para conocerlo descubría una de las personas más divertidas del mundo. Tenía muchas cosas que hacían que la suya no fuera una vida normal mi papá me explicó que esto significa que no está en la norma o sea la mayoría de las personas, y eso no tiene nada de malo. La vida de Juliano era maravillosamente anormal.
Creo que todo empezó al mismo tiempo que salió de adentro de su mamá. El día que nació supieron que era ciego. Como todos saben los ciegos no ven, y no por falta de ojos. Juliano tiene ojos, lindos, transparentes, pero no andan. No miran. Pero eso no significa que Juliano no te mire. Esto parece un poco difícil de entender para los que vemos por eso es maravilloso conocer a mi amigo. Ahora me da un poco de vergüenza pero lo primero que sentí al conocerlo fue lástima. Pensé "pobre, nunca va a ver dibujitos". Y luego hubo unos días en que prefería no estar con él, creo que era porque me daba un poco de miedo que se me contagiara la ceguera. El otro día se lo conté y nos reímos. Sin embargo me fui acercando , por curiosidad , porque soy muy curioso, mi papá me dijo que la curiosidad mató al gato y desde ese día no dejé de preguntarme que sería lo que quería averiguar ese gato. Para ser sincero me pierden las computadoras y un día supe que Juliano tenía una que hablaba. En un par de días éramos muy amigos, y me enseñó su computadora, la usamos una vez sola, era mucho más interesante pasear con él. El siempre dice que debe ser peor ser sordo, a mi me parecía que no, pero el dice que le parecía que era como estar más solo y que como nadie ve lo que te pasa no es como con su caso que lo miran con su bastón blanco y todos suponen que necesita ayuda. Pero de todas las cosas que nos pasaron juntos la más linda de contar fue cuando el me pidió que le explicara como es el color azul. Claro, yo le decía: “es el color del cielo”, y eso para él no era nada , yo le decía :”el mar es azul”. “O sea que el mundo es casi todo azul”, comentaba... era muy complicado. Entonces le pedí ayuda a mi papá y él tuvo una idea genial, la misma que tiene ante ideas complicadas, pedirle ayuda a mi mamá. Ella escribe obras de teatro y por esa pregunta de Juliano se le ocurrió una para contestarle. Voy a tratar de contarles de que se trataba.



Un día en el mundo comenzó a suceder algo muy extraño. Todas las cosas, las personas, los animales y hasta los paisajes, comenzaron a cambiar de color. Así que el cielo azul un día se veía verde como una pradera. Las blancas arenas de las playas eran violetas, el sol rojo, las personas rubias amanecían pelirrojas y los morochos con el pelo blanco, las panteras negras se volvían amarillas y los pájaros de colores quedaban grises.
La explicación de lo que sucedía estaba en un lugar secreto de nuestro planeta, dónde se llevaba a cabo una reunión muy especial entre los tres colores primarios .
Ellos son personajes mágicos pero desde hace algún tiempo se estaban llevando bastante mal, discutían mucho y querían imponer sus ideas unos sobre otros.
-No podemos llevarnos así- dijo el Azul-los colores debemos mezclarnos y pasarla bien.
-Nada de eso - gritó el Rojo, que era el de carácter más fuerte y apasionado- Hagamos una competencia, uno de nosotros tiene que ser el que mande.
-Eso , ya no nos mezclaremos como antes-comentó con nostalgia el color amarillo-cada uno reinará un tiempo y veremos cuál es el más fuerte.
-Eso no, si no podemos convivir lo mejor es que nos dividamos el planeta y cada uno pinte una parte-propuso el Azul resignado.
-Que sea una competencia. Al principio cada uno tomará un lugar y luego nos enfrentaremos-Gritó el Rojo.
Fue así que comenzó esta aventura.
Mientras esto pasaba en una lejana cueva se escuchaba una risa. Era la casa del color negro, que en realidad no era un color sino la falta de todos ellos, era la oscuridad:
-Si los colores siguen peleando será mi oportunidad-gritaba haciendo eco en su escondite.
Allá por el medio del océano estaba muy preocupado el color azul. No le gustaba para nada este enfrentamiento entre hermanos. Pensó tanto que salían grandes olas azules.
La risa del color negro se escuchó en todos los rincones del mundo su eco se mezcló con el aire llenando el cielo de nubes grises. La alegría de esa oscuridad era contraria a la tristeza del color azul, y como sabemos la tristeza es una carga pesada. El color azul, cuando vio el cielo gris, comenzó a sentir sus ojos llenos de lágrimas. De las nubes empezaron a caer gotas de lluvia que empezaron a mojarlo todo.
Las miles de gotas transparentes llenaron el aire, cayendo sobre todo el lugar. Fue entonces cuando el Azul vio la esperanza para el mundo. Por algún lugar los reflejos dorados se colaban entre la lluvia y dibujó en el aire un pequeño arco iris. Inevitablemente en él estaban atrapados todos los colores. Solo por un instante tuvieron que estar todos juntos, en el aire...El Azul recordó de inmediato la leyenda del Arco iris. Esa historia hablaba de un mágico tesoro en el lugar que ese Arco de colores terminaba y que tenía la propiedad de dar al que lo encontrara la riqueza que este más deseara. ¿Quién eran los mejores para encontrar un tesoro?. Sin duda: los Piratas de la Esperanza, un grupo de aventureros nacido del afán de diversión del color azul y los recuerdos de hazañas pasadas del amarillo. Solo había un problema convencer al amarillo de mezclar sus poderes para que aparezcan los Piratas, con sus trajes color océano, y su barco pintado con un intenso color verde como las islas tropicales que a ellos tanto le gustaban por ser ideales para esconder tesoros. Evidentemente el color azul no era muy bueno convenciendo a sus compañeros pero conocía a unos personajes que eran geniales para ello, los Monjes Violetas. Así fue , a toda velocidad , buscando aquí y allá al color Rojo. Este no era fácil de encontrar. Buscaba el interior de las personas, se escondía en hermosas flores y saltaba entre las plumas de exóticos pájaros. Era muy bromista, en eso se parecía al Azul. Aparecía en los lugares más insólitos, le encantaba llamar la atención. Todos los días al salir el sol, y luego al ocultarse, visitaba al Azul y al Amarillo y conversaban, sentados en las nubes del horizonte. Era uno de los momentos favoritos de todo el mundo.
De repente a lo lejos se escuchó una explosión. El Azul tembló de miedo cuando descubrió lo que pasaba, miles de soldados con uniformes negros , en barcos de madera oscura llenos de cañones había atacado a un barco cargado de petróleo y una mancha negra y espesa comenzó a avanzar por el mar. Sin duda era parte del siniestro plan del color Negro de tapar todos los colores y apoderarse del mundo. El color Azul se estaba quedando sin tiempo. Pero tuvo una idea, conocía un pequeño lugar que escondía una rosa dentro de una campana de cristal, ella era uno de los lugares favoritos donde el color Rojo dormía la siesta. Y existía una forma de averiguarlo ya que cuando lo hacía todas las rosas del mundo se ponían muy rojas, incluso en las rosas blancas se adivinaba un color rosa muy tenue. Así fue a ese jardín secreto y efectivamente ahí estaba el color Rojo. Escondido entre los pétalos, soñando con ardientes romances y apasionadas batallas. El color Azul sabía que si lo despertaba se pondría furioso, el Rojo era un color muy temperamental y con el que apenas se podía razonar, así que sigilosamente se acercó a la flor, levanto la campana de cristal y le tocó suavemente un brazo. Inmediatamente sintió a lo lejos los cánticos de los Monjes Violetas. Así el Azul, sin que el Rojo se despertara, fue a su encuentro y les explicó el problema. Ellos lo reflexionaron un instante, como era su costumbre , y luego accedieron gustosos.
En el mar la mancha de petróleo negro seguía avanzando rumbo a las playas. Al mismo tiempo que los Monjes Violetas convencían al color Amarillo para que se mezclara con el Azul y juntos invocaran a los Piratas Verdes de la Esperanza.
Desde los ojos de un viejo lobo de mar se pudo ver reflejada la silueta de un barco . Una bandera ondeaba en lo más alto del mástil mayor, en ella una calavera sonreía sobre dos huesos cruzados.
-Preparados malditas ratas llenas de musgo- gritaba el Capitán Valverde.- No pararemos hasta el final del arco iris.
-¡Malditas ratas!- repitió un perico verde que siempre estaba sobre el hombro del Capitán.
Los piratas gritaron y saltaron a un lugar a otro de la cubierta. De repente en medio del movimiento surgió una sombra oscureciéndolo todo.
-Vaya, vaya, Capitán.- comentó el color Negro desde el timón. – La vergüenza de los mares ataca de nuevo.
-¡Motín a bordo!. ¿Qué hace usted en mi barco?.-dijo el Capitán.
-En mi barco- repitió el loro.
- Vengo a proponerles un negocio. Después de todo son piratas, ¿no?.
- Somos los mejores piratas, pero :¿qué clase de negocio?.
- Que clase de negocio- dijo el loro.
- Uno simple, lo único que tienen que hacer es quedarse con el tesoro que encuentren, bajo ningún concepto entregárselo a nadie. ¡Y haga callar a ese pájaro!.
- ¿Y que obtendríamos a cambio?- murmuró Valverde apretándole el pico a su mascota.
- Yo soy el dueño de las tormentas, el gran miedo de todos los marinos. Les aseguro buen tiempo para siempre, jamás naufragarán, un suave viento los llevará a sus destinos a la velocidad que deseen. Sin duda es el sueño de quienes viven en el mar.
Mientras esto ocurría el petróleo ya había comenzado a manchar las playas. El color Amarillo estaba desesperado y comenzó a llamar al Azul a los cuatro vientos.
-Amigo Azul, ¿dónde estás?-gritaba y lloraba.
-Aquí a tu lado apareció el Azul.
-Amigo Azul, ¿dónde estabas?-gritaba y lloraba. Quejarse puede ser una costumbre.
-Tranquilo Amarillo. Tengo un plan. Provocaremos al color Rojo para que venga a pelear a la playa. Mezclaremos tus guerreros con los suyos.
-Claro de la mezcla surgirá el Naranja.-gritó el Amarillo entusiasmado.
No era para menos su alegría, el Naranja era un color entre ácido y dulce. Pero tenía una característica : era fanático de la limpieza. De hecho el manejaba a los extraordinarios Barrenderos Ecológicos. Un grupo de fanáticos amantes de la naturaleza. Sin duda ellos limpiarían la playa en un periquete.
Provocar al Rojo fue fácil. El Azul fue a donde este dormía a dar un mensaje de parte del Amarillo, citándolo en la playa para batallar. Al momento el Rojo apareció en un carro de metal al rojo vivo guiando a sus enfurecidos guerreros. En cuanto puso un pie en la arena amarilla gritó:
-¿Dónde estás cobarde?. Tienes esta playa hecha un asco, toda manchada de petróleo. ¡Y luego presumes de ser el mejor color!.¿Dónde está tu ejercito?.
Entre lo médanos de arena surgió caminando majestuosamente vestido de oro y hojas de otoño.
-Gracias por venir- dijo tranquilamente- Pero antes de pelear quiero que mires lo que pasa a tus pies. Mi playa esta siendo invadida por negras manchas. ¿No querrás gobernar un lugar tan sucio en caso de que ganes?.
-Ya te lo he dicho. Esto es un asco.-gruñó el Rojo.
-Pues entonces antes de la batalla debemos mezclarnos para que los Barrenderos Ecológicos limpien mi... digo tu arena.
El Rojo lo pensó un instante...
-Bien estoy de acuerdo, mezclémonos antes de la batalla.-dijo finalmente.
Tras una nube el Azul sonrió.
Mientras en el horizonte los Piratas Verdes estaban por llegar a su destino. El final del Arco Iris iluminaba una pequeña isla en la cual desembarcaron.
-Capitán , esto debe estar lleno de peligros.-dijo un pirata y luego empinó una botella con licor de menta .
-¡Que clase de piratas temen a lo desconocido!. Traigan un mapa.-contestó Valverde.
-¡Un mapa, un mapa!.-gritó el loro.
-¿Cuál mapa?-dijo uno.
-Da igual ninguno lleva a ningún lado.
Por fin tomó uno y dijo:
- Este... Aquí: ¡a cavar!.
- ¡A cavar!-repitió el loro.
Efectivamente a pocos metros encontraron un enorme diamante. Festejaron en cubierta su hallazgo y partieron rumbo a la cueva sin luz del color Negro. Por suerte cuando estaban por llegar los distrajo un hermoso canto. De un islote lleno de rocas venía la melodía entonada por las Sirenas. Ellas eran seres mezclados, no solo de mujer y pez , sino que su cuerpo estaba hecho de muchos colores, algunos que ni siquiera tenían nombre. Su canto aunque hermoso se había convertido en terriblemente triste, estaban muy preocupadas por la absurda guerra de los colores.
-¡Marineros tapad vuestros oídos!- advirtió el Capitán.
-Eso tapad, tapad, tapad...- repitió el plomazo de plumas verdes.
Todos los piratas lograron evitar escuchar el canto de las sirenas tapando sus orejas con sus pañuelos, mientras el color Negro atento a lo que ocurría mandó una fuerte ráfaga de viento para sacar a los piratas de esa zona.
Sin embargo el Señor de la Oscuridad no tuvo en cuenta que la pesada mascota del capitán Valverde repetía sin cesar las frases que aprendía y en cuanto los Piratas se acercaron a la Cueva del Color Negro el loro empezó a gritar repitiendo lo que cantaron las Sirenas:
-¡Reunid a los colores!.¡Reuniros!.¡Reuniros!.
Y sin ninguna duda los Piratas de la Esperanza giraron su timón y dieron rumbo a una las Playa manchada de Petróleo.
Allí los Barrenderos Ecológicos estaban con todas sus fuerzas luchando , limpiando , sacando petróleo de la arena y de entre las rocas, rescatando a los pobres pájaros que quedaban pegoteados en la orilla . Desde sus barcos los soldados de la oscuridad preparaban su invasión definitiva, en un costado el color Rojo esperaba para atacar mientras comía con gran ansiedad unas enormes fresas, y el Azul no dejaba de creer que los Piratas llegarían a tiempo.
En un momento mágico, interminable y que marcaría la historia en aquella playa se encontraron todos los colores.
El Negro comenzó a rugir y formó una gran tormenta pero fue inevitable, los Piratas llegaron a la costa . Cuando los vio desembarcar el Rojo preparó a sus guerreros y les gritó:
-¡Atención al ataque furiosos guerreros!.
-¡Alto!. –interrumpió el azul desde lo alto.-El Capitán Valverde tiene algo para mostrarnos.
El Pirata levantó el diamante y dijo:
-Aquí está el tesoro , pero es mío, solo mío.
-Entonces pide un deseo rápido- gritó el Azul mirando al cielo que cada vez estaba más oscuro.
Todos los colores quedaron paralizados viendo como el mundo quedaba a oscuras, cada vez se veía menos, ya no se distinguían colores y formas. Todo estaba oscuro y cada vez más negro. El Color Negro estaba por ganar la Guerra.
Pero de algún lado el Azul supo no se resignó y continuó gritando.
-¡Vamos Pirata de la Esperanza pide un deseo!.
Sin verse ni la punta de su nariz y muy asustado el capitán Valverde gritó:
-¡Quiero que venga la luz!.
Y así fue, para que esto pasara el diamante mezcló todos los colores y formó uno muy especial, el color de la luz, el de la paz, el que resulta de la mezcla de todos los colores, así nació el color Blanco. La oscuridad no puede combatir contra la luz, basta con encenderla para que todo se ilumine.
El Blanco bañó a todo el mundo y le dio a cada uno su sitio, cada uno especial y diferente, mezclado e integrado. Así el mundo volvió a la calma que solo se obtiene en tiempos de paz, comprensión e igualdad en la diversidad.

Juliano , mi amigo ciego, fue al teatro mil veces. Y siempre salía contento. Un día me dijo que él ni siquiera veía la luz, que en sus ojos el color Negro casi gana la guerra. Pero no del todo ya que había logrado ponerle colores a muchos de sus sentimientos , un día era optimista como el azul, o apasionado como el rojo, reflexivo como el violeta, nostálgico como el amarillo , limpio como el naranja o se llenaba de esperanza como el verde, y sentía tanta paz en su corazón que su vida se había convertido en un arco iris.



El robot y la piel.

Recuerdo el 6 de enero del año 2050 de una forma especial. No fue una mañana cualquiera. Los regalos que llegaban cada tanto habían perdido la sorpresa, no me entusiasmaba verlos en la computadora tridimensional, y con solo probarlos en los ultramercados me bastaba para imaginarlos en el basurero de reciclaje.
Creo que mi padre dio el puntapié inicial con una carta que le envió a una corporación . Harto de escuchar mis quejas por aburrimiento. “Los niños dejarán los juguetes, ya no saben jugar porque sus inventos juegan solos”, decía con letras en relieve (de esas que marcan las cosas importantes en las pantallas de los buzones).
Era verdad. Las plazas estaban siendo climatizadas, el cine se había terminado porque decían que a nadie se le ocurrían películas nuevas, la televisión no llegaba a los barrios civilizados, Internet ya no existía, y las otras opciones de entretenimiento, el teatro y los libros eran extrañas piezas de colección que solo viajando se podían encontrar.
Por seguridad, o mejor dicho por falta de ella algunas familias usaban las escuelas virtuales, así que sus hijos no salían de la sala y tenían una perfecta selección de maestros en diferentes materias..
La crisis del entretenimiento era tan grave que ni los juegos de computadora se comercializaban. Se habían prohibido a menores de 18 años por la adicción que generaban.
Los jóvenes empresarios de las jugueterías sintieron especial atracción por la carta de mi padre, y decidieron aplicar viejas ideas de la empresa en nuestra familia.
Fue así, como un experimento de publicidad, que ese 6 de enero llegó a nuestra casa Magnolio.
Era un robot de acero. Un viejo aparato reciclado con nuevos y complejos programas que le daban una memoria infinita, una curiosidad increíble y una creatividad que declaraban sorprendente.
Lo saqué del paquete tomándole la mano. Vino hacia mi como un niño tímido. Era más alto que yo. Tenía el aspecto de un joven príncipe plateado. Años después supe que esa imagen estaba inspirada en el hombre de hojalata de una leyenda. Irónicamente ese personaje, que nadie sabe si fue verdad o ficción, quería tener un corazón.
Estuvimos largo rato mirándonos hasta que su dulce voz lanzó la primera de una larga lista de preguntas:
-¿Por qué me miras así?.
-Te estoy estudiando.
-Las personas no se estudian- dijo.
-Tu no eres una persona- contesté orgulloso de mi rapidez mental.
-Tienes razón- se disculpó- Me faltó tacto en mi presentación.
Este escabroso comienzo hoy tiene una importancia que en aquel momento no sospeché.
-Mi nombre es Magnolio. Soy un robot de los llamados “Hemisferio derecho”. Eso significa que mi potencial es básicamente sensibilidad y comunicación.
-Ya veo... hace una hora estás hablando sin parar y no entendí nada de lo que me comunicaste.
-Ja ja- sonó una carcajada sinceramente artificial- Eres un amigo muy gracioso.
Era la primera vez que alguien me acusaba de gracioso.
Eso sin contar que nunca nadie me había llamado amigo.

Magnolio sin embargo , al poco tiempo se convirtió, efectivamente, en mi gran amigo. Supongo que, gracias a lo simple de sus sentimientos y a lo enorme de su memoria, era difícil no entregarse.
Tenía tanta imaginación que con ropa vieja construyó una pelota y creó un juego que consistía en patearla para meterla en unas redes. ¡El juego más divertido del mundo!.
Mi querido robot tenía algunas virtudes que lo hacían campo fértil para cualquier sentimiento, por ejemplo le encantaba conversar.
-¿Por qué nos hicimos tan amigos?- le pregunté una noche.
-Es una cuestión de piel- contestó.
-Es curioso. Tú no tienes piel- sonreí con miedo de haber herido sus sentimientos con mi cruel comentario.
-Si , es una pena, porque la piel es importante- dijo sin tristeza, solo con un poco de nostalgia.
Hubo un silencio.
-Se me ocurrió otro juego-continuó. Éramos tan amigos que no necesitábamos pedir perdón.
Su juego inventado era de una simpleza increíble pero extremadamente divertido. Dibujó un tablero con un camino tortuoso hecho de pequeños cuadrados. Cada uno jugaba con un pequeño objeto de diferente color ( él usó un viejo teléfono móvil, y yo un pequeño disco digital). El único objeto que construyó en forma más compleja fue un pequeño cubo metálico en el que pintó un número (del 1 al 6) en cada cara. Así, tirando el cubo sabíamos cuantos cuadrados podía avanzar cada pieza. Ganaba quien completaba todo el recorrido. Debemos haber jugado cien veces seguidas.
Al tiempo, que para mi fue poco, a Magnolio se le dio por inventar historias. Y fue una de ellas la que comenzó el gran cambio.
-Tengo un cuento que te va a encantar- dijo esa noche- Sobre todo porque creo que es cierto. Hace muchos años, pero muchos años, los hombres eran desarmables. Como estaban recién construidos se podían separar en partes. Esto tenía ciertas ventajas porque si una pieza se ponía fea se sacaba y punto. Pero claro no existían los repuestos así que ante una pérdida la única salida era aprender a vivir sin ella. Las piezas tampoco eran transferibles de una persona a otra lo cuál era una limitación importante. Aún así hubo terribles casos de robos. Y el descuido y la distracción hizo que más de una persona perdiera alguna parte por quien sabe donde.
Un día unos doctores inventaron un líquido que mediante un complejo mecanismo, casi mágico, integraba todas las partes humanas. Así que si bien no serían desmontables, dificultando su limpieza, se evitarían pérdidas y robos. Luego de muchas pruebas comprobaron la total eficacia del líquido, pero como tenía gusto a detergente esta no se podía tomar así que se consumía mediante baños de inmersión. Luego notaron que, además que hacer que los cuerpos humanos fueran como hoy los conocemos, estos encogían un poco, y lo peor, hacía que la piel de las personas quedara de un color rosa, las personas desteñían. Que los cuerpos quedaran más pequeños se soportaba... pero todos del mismo color, era horrible, pues ya desde entonces los hombres estaban orgullosos de la variedad de colores que lucían sus pieles. No era que tuvieran algo contra el rosa pero no querían perderse los amarillos, marrones, rojizos, y otras tonalidades que existían en ese entonces. La solución fue muy sencilla, antes de sumergirse en el líquido las personas debían sacarse la piel. Fue tal la alegría que, aprovechando los efectos del liquido muchas personas intercambiaban sus pieles como recuerdo de aquellos momentos. Así fue como el cuerpo humano cambió para siempre. Un todo único, que si pierde un parte el resto lo nota y supera su ausencia, con muchas razas, con la posibilidad de sustituir partes de unos con partes de otros, y cada tanto uno se cruza con otros ser con el que siente especial afinidad, quizás porque hace mucho la piel de uno era del otro y viceversa. Pero aún hoy y como testimonio de aquello si te sumerges en un liquido por mucho rato, tu interior se encoge un poquito, y la piel te queda grande y se te arrugan las puntas de los dedos.
La historia me había encantado pero creía ver en ellas un pedido de su amigo.
-Inventaron una piel sintética y puedo pedírsela a mi padre de regalo para los reyes.
-No quiero. Pero si puedo elegir un regalo quiero algo especial.
Magnolio nunca me había pedido nada y siempre me había dado mucho así que sin dudarlo le dije que pidiera lo que fuera.
-Quiero que antes de los reyes que vienen te hagas un amigo humano.
-Pero ¿para que quiero un amigo si ya te tengo a vos?...
-Porque yo, querido amigo te voy a pedir un favor, una prueba de amistad sin límites.
Creo que recién ahora, siendo un hombre puedo entender toda aquella conversación.
Era muy complejo hacerse un amigo. Para empezar casi no tenía contacto con otros niños. Por momentos manejé hacerme amigo de m padre pero supuse que para cubrir el pedido de mi robot debía esforzarme.
Empecé por insistir en que me sacaran a pasear. Buscaba las mínimas excusas para acercarme a los niños, inventaba una pregunta, le hacía un halago. Otros días más enojado les planteaba desafíos.
Magnolio me veía llegar de esos paseos y su cara de metal parecía sonreír a pesar de mi frustración. Busqué todos los medios de comunicación. En cuanto me cruzaba con un niño le hacía gestos, muecas y ademanes, con pocos resultados. En algunos obtuve tímidas sonrisas, en otros caras de espanto. Incluso a uno lo hice llorar cuando le hice mi cara más loca, extrañamente la que yo consideraba más divertida.
Trataba de no hablar con Magnolio de como me estaba yendo con el tema del amigo humano pero supongo que algo intuía ya que una noche me dijo:
- Lo más lindo de comunicarse es que se necesita de otro. No siempre es fácil conseguir a otro. Lo importante es buscarlo.
Tenía razón, en algún momento alguien me iba a escuchar, a entender. Tenía que haber en algún sitio un niño que como yo estuviera buscando un amigo. Llegué a dedicar horas para elaborar muchas cartas donde invitaba a quien fuera a jugar, a visitarnos, conocernos, a hablar aunque fuera por la pantalla de lo que nos gustaba y lo que no. Trataba de estar siempre con ellas a mano: “Uno nunca sabe de donde va a venir el amigo que busco”. Así fue que un día salí a jugar al pasillo del edificio de apartamentos donde estábamos seguros de los peligros de la calle y vi sentada en un umbral a una extraña niña. Me miró y sonrió, una niña no estaba en mis primeros planes pero no la descartaría, caminé hasta su lado y le di una de mis cartas. Ella la observó con cuidado, paseó sus ojos por cada línea, y al final me sonrió de una forma radiante, como yo jamás había visto.
Nos quedamos mirando uno al otro. De repente de la nada apareció una mujer, su presencia me cortó la respiración. Resultó ser la madre de la niña, la mujer más amable que jamás conocí.
-Hola niño- dijo con un extraño acento- ¿Quieres ser amigo de Shaffil?.
Pero la mayor sorpresa me la dio luego de que yo moviera la cabeza diciendo que si.
-Bueno, van a tener que esforzarse para entenderse porque ella no habla tu idioma.-sonrió de la misma forma que lo hacía su niña.
Me invitaron a pasar a su casa, entonces corrí hasta la mía a pedir permiso, mis padres fueron a saludar a los vecinos que hace un año vivían ahí pero nunca habían visto y mientras ellos hablaban Shaffil y yo nos sentamos en la hermosa alfombra de su cuarto y comenzamos a jugar.
Hasta el día de hoy ella es mi mejor amiga. Incluso nuestros padres tuvieron la costumbre por muchos años de cenar juntos al menos una vez a la semana.
Aprendimos a comunicarnos, y con el tiempo ella aprendió mi idioma y yo el de ella. Estaba tan deslumbrado que creo que pasó una semana antes de comentarle mi encuentro a Magnolio. Claro que dejé los detalles para luego, para darle su regalo de reyes.
Ese 6 de enero le dije:
-Tengo una amiga. Es la más magnífica que uno pueda imaginar. Muchas veces no nos entendemos y es muy divertido.
El me miraba atento.
-Gracias por tu primer regalo amigo. Es fantástico- dijo finalmente.
-Pero, no me parece muy justo. Al principio fue una tarea pesada pero ahora el regalo me lo hice a mi mismo.- le contesté.
-Ver a un amigo feliz es un regalo maravilloso. Y además te quiero pedir otra cosa, más difícil. Una prueba de amistad.
Mi robot me había dado tanto que ni dudé en decirle que me pidiera lo que fuera.
-Yo siento muchas cosas. Tanto siento que me gustaría ser un niño. No me gustan las cosas artificiales cuando yo mismo soy todo artificial. Por eso cada día me cuesta más no estar triste, demoré en decírtelo porque no quería dejarte solo, pero ahora me gustaría que por mí, le pidieras a tus padres que me desprogramen y me manden de vuelta a la fábrica.
-Pero ahí te desamarían- dije con un nudo en el estómago.
-Quizás... lo más probable si ustedes pasan un informe negativo es que me hagan un programa de cálculo, o de enseñanza de idiomas, o de ayudante de limpieza. No importa, no quiero estar más triste, prefiero dejar de sentir.
Debo decir con vergüenza que al principio me enfadé. Le grité que ni soñara con que hiciera eso, olvidándome que Magnolio no dormía.
El nuevamente me tuvo toda la paciencia del mundo.
Un día hablé con mi padre. El lo entendió y escribió el informe. Esa tarde vinieron a llevarse a mi amigo.
Antes de salir de mi cuarto lo abracé con fuerza. El me rodeó con sus brazos metálicos.
-¿Vas a jugar hoy con Shaffil?-preguntó su voz latosa.
Dije que si con la cabeza porque cuando lloro me cuesta mucho hablar.
-Eso está muy bien. Gracias, sos un gran amigo.
Así me despedí de mi primer amigo. De quien me enseñó tantos valores humanos a pesar de ser una máquina. Con mi padre tratamos de asegurarnos que no produjeran robots tan sensibles que terminaran sufriendo por lo que eran. Fue inútil, al mismo tiempo que Magnolio había construido cientos. Por suerte la mayoría había terminado de igual forma, e increíblemente habían construido una red de amigos que con los años buscamos conectarnos.
Mucho tiempo después todos los que en algún momento tuvimos un Magnolio nos reuníamos todos los 6 de enero y nos contábamos los cuentos que nuestros robots nos habían contado, incluso aunque éramos mayores disfrutábamos jugando a los extraña colección de juegos que ellos nos habían enseñado.
Aún hoy cuando nos veo a todos juntos, como cuando tomo la mano de Shaffil recuerdo a Magnolio, mi robot, y me doy cuenta que sobre su coraza de metal había una apenas visible capa extremadamente sensible, su piel.







Publicado por joaquind @ 21:06
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