Una vida encierra muchas vidas. La mía como militante no ha terminado. Quizás es debido a su nacimiento tardío, pero he notado un extraño fenómeno contrario al que los burgueses se empecinan en destacar.
Hace poco alguien me preguntó si haber nacido el día de la independencia de mi país me había influido en algo, nunca me lo había puesto a pensar, pero si. Poca gente me saludaba en mi cumpleaños, era feriado y mis compañeros nunca se enteraban de que ese era el día, en mi memoria, el 25 de agosto había marchas militares, y aparecía algún presidente que en mi entorno se susurraba, era un “hijo de puta”.
Estar en una flia. de inmigrantes, con hermanas jóvenes ,etc, hizo que recién a los 15 años se cayera ese velo que nunca me explicaron . El año del fin de la dictadura y la explosión social de marchas, comités de base, reuniones políticas, etc, hizo que de golpe recibiera toda la información y fuera día a día a muchos actos políticos, de casi todos los partidos, que coleccionara listas electorales, que aprendiera de política, que entendiera el porque de los susurros y de tanto hijo de puta gobernando.
Dicen los burgueses que luego que crecés y te instalás dejás de creer en las utopías. Una vez más se equivocan. Empecé siendo socialista, mis primeros votos fueron para ahí, para el PS dentro del Frente Amplio. Luego fui comunista, voté a la 1001 del Frente Amplio. Ahora soy Anarquista. Cuanto más se instala el Neoliberalismo, cuanto más terreno gana el Imperio, cuanto menos se discute el Capitalismo, yo me hago más de izquierda.
Más allá de las declaraciones políticas mi militancia en el liceo fue nula. Mal votaba en las asambleas solo para irme antes a mi casa. Fue, una vez más, la Universidad la que me comprometió a fondo con el Gremio. Fui parte del CEO (Centro de Estudiantes de Odontología), y lo representé en todas las facetas posibles, desde delegado de clase hasta consejero estudiantil.
También en ADUR (los docentes) y a la AOU (los profesionales) representé a mis compañeros en el cogobierno, con menos pasión, es verdad. Antes de irme de Uruguay, militaba en cada artículo que escribía, sobre todo para la revista de la AOU “Prismas”, decían los demás que servía mucho “eso que yo hacía”.
“Eso que yo hago” se resume en no poder pasar de largo, y quedarme calladito , mirando sin opinar, u opinando sin actuar. “Eso que yo hago” logra que tengas compañeros de fierro, enemigos de barro, amigos de papel, ofendidos de humo.
Luego vino la etapa ONG, ante la falta de identificación con los partidos políticos españoles, ante la lejanía de los partidos políticos de mi país, podía en alguna Asociación poner “manos a la obra” para cambiar el mundo (de eso se trata no?).
Ahora soy presidente de la “Asociación por la Equidad en la Salud” (el dato da igual solo importa que lo ocupo para que nadie lo haga, decidí obviar todos y cada uno de los cargos que ocupé, créame que fueron demasiados), y a cada momento repito que luchamos por hacer algo, pero todavía a pesar de todo, no le metimos un gol a nadie. Recién estamos yendo con la pelota abajo del brazo, al centro de la cancha, y nos miramos entre nosotros, para ver que estrategia seguir para dar vuelta el partido, este partido injusto con jueces comprados que estamos perdiendo por goleada.
Si alguna vez acepté un puesto fue para representar un grupo, inflé por las decisiones de todos, renegué de tomar medidas inefectivas, luché por declararme afín a una ideología.
El militante sigue vivo, y va a reuniones, y dice cosas, y escribe. Pero siente su vida latiendo más fuerte cuando, en su casa, en su trabajo, dictando una clase, dando una conferencia o un consejo a sus compañeros de trabajo, o al escribir, dice lo que piensa, lucha por lo que cree y asegura que todo puede ser distinto. Solo hay que recordar que somos seres de grupo, que no estamos solos, y que en nosotros la felicidad, también es un fenómeno colectivo.